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El Arzobispo Dennis se dirige a musulmanes que se refugian en la Misión Católica en Berberati. Foto por Matthieu Alexandre/Caritas Internationalis

El Arzobispo Dennis se dirige a musulmanes que se refugian en la Misión Católica en Berberati. Foto por Matthieu Alexandre/Caritas Internationalis

Por Matthieu Alexandre

La República Centroafricana se ha enfrentado a meses de violencia, en donde primero los “Seleka” y ahora las milicias antimusulmanas “Anti-balaka” han aterrorizado a las poblaciones locales. La Iglesia católica ha estado protegiendo a los musulmanes en el país.

El pueblo de Berberati en la República Centroafricana una vez tuvo 130.000 habitantes. Ahora tiene una población de tan sólo 45.000, incluyendo a únicamente 200 musulmanes.

“Acabamos de organizar otro convoy para evacuar a 400 musulmanes a Camerún”, dijo Mons. Dennis Agbenyadzi, obispo de Berberati.

Entre tres y cuatro mil musulmanes han sido escoltados a Camerún desde enero. Aunque ahora tan sólo hay 200 personas viviendo en la misión, recientemente llegó a haber 1.500.

Berberati se encuentra a 450 Km. al este de la capital, Bangui. De ahí son unas dos horas en coche hasta la frontera con Camerún. Los convoyes son escoltados hasta la frontera por la MISCA, la Misión de la Unión Africana para el mantenimiento de la paz.

Los Seleka abandonaron Berberati el 30 de enero. Al día siguiente, un pueblo cercano llamado Carnot fue atacado por los anti-balakas. Su blanco es la población musulmana, que no tiene nadie que la defienda. Desde entonces, el Obispo les ha pedido a los soldados de la MISCA que se trasladen al interior de la Misión Católica para actuar como protección para los miles de musulmanes que se han refugiado ahí.

Caritas está trabajando tanto dentro como fuera de la República Centroafricana para llevar ayuda esencial a aquellos que se encuentran atrapados por el conflicto. Caritas ha estado financiando los esfuerzos de construcción de la paz de la comunidad y tiene planificado formar “jóvenes pacificadores” para mejorar las relaciones.

El sacerdote responsable del diálogo y la reconciliación con los anti-balakas ha recibido amenazas de muerte en varias ocasiones.

“Varias veces me han apuntado con un arma”, dijo el sacerdote. “Los anti-balakas no ven nuestras acciones de forma muy favorable. Nos acusan de colaborar con los musulmanes. Creen que somos traidores”.

Mons. Dennis pasea por el jardín de la misión, saluda a los huéspedes y pregunta cómo siguen los enfermos. Los miembros de la comunidad musulmana se congregan alrededor del Obispo, cerca de un magnífico no me olvides en flor, y juntos intercambian opiniones sobre la situación.

Todos están de acuerdo en que la historia de la República Centroafricana ha estado marcada por la diversidad de sus pueblos. Enfatizan que el sangriento conflicto no es de índole religiosa. Los cristianos y los musulmanes siempre se han llevado bien.

Cuando los Seleka tomaron control, los cristianos fueron blanco de milicias de habla árabe, la mayoría de las cuales se originaron en Chad y Sudán del Sur.

Los musulmanes de la República Centroafricana no hablan árabe. Por el contrario, el songo, la lengua vernácula de la República Centroafricana se habla hasta el sur de Chad. Sin embargo, la mayoría de milicias Seleka, que perpetraron muchos de los actos de violencia, no hablan ni songo ni francés.

Los anti-balakas surgieron como reacción a los ataques a la comunidad cristiana. Ahora, los Seleka han huido. Los cristianos están bastante más seguros. Pero los anti-balaka han llevado a cabo ataques de venganza contra las comunidades musulmanas. Meses de violencia, represalias y anarquía general se han convertido en un conflicto en el que las poblaciones de la República Centroafricana se enfrentan unas a otras.

En Berberati, los musulmanes se arriesgan a ser lapidados por la población local si salen fuera de los muros de la Misión Católica. El vecindario alrededor de la mezquita principal está desierto. Las tiendas que no han sido saqueadas están cerradas, y las calles están llenas de basura y coches quemados. Es como una escena de una película del oeste.

En una de sus rondas, una patrulla de la MISCA se encuentra con un joven que desmantela una puerta de hierro forjado. El convoy se detiene y corren al patio de la casa abandonada. Golpean al joven, éste cae al suelo y luego lo patean y le dan de machetazos. En cuestión de minutos está cubierto en sangre.
Al parecer, mi presencia disuade a la patrulla de ir más allá. El líder de la patrulla, al darse cuenta de que estoy haciendo fotos, ordena que pongan al joven de pie. No fue hasta entonces que me permiten tomar fotos.

Le ordenan al joven que ponga la puerta de hierro en el vehículo de la MISCA. Con la puerta sobre su cabeza, se dirige hacia la camioneta. Coloca la puerta de hierro en la misma y se sube al vehículo. Lo llevan a la comisaría.

“Tuvo suerte”, me dijo el sacerdote.