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Los voluntarios de Cáritas Siria en Homs con la ayuda para las personas afectadas.

Por Monseñor Antoine Audo

«Estamos en la antesala del cuarto año de lo que ahora se define como la crisis siria.

¿Se nos permite hablar de aniversario, palabra que normalmente utilizamos para celebrar sobre todo momentos alegres y recuerdos felices? Sin embargo, esta guerra de Siria, tanto externa como interna, ante la que nos encontramos, es una situación paradójica que nos empuja tanto a la reflexión como a la acción.

Querría aprovechar esta ocasión para transmitiros un mensaje en nombre de Caritas, para compartir con vosotros nuestras penas y alegrías, agradeceros y pediros que intentéis comprender bien lo que sucede en Siria, y que siempre creáis en la posibilidad de la reconciliación y de la paz.

Desde hace tres años, estamos de lleno en una guerra provocada a nivel local, así como a nivel regional e internacional, por intereses confesionales, económicos y estratégicos que destruyen un país y hacen correr ríos de sangre.

El miedo, la inquietud causada por extremismos de todo tipo, el desempleo, la pobreza y la miseria aumentan cada día: todo nos empuja al desánimo y nos invita de forma inconsciente a entrar en el círculo de la violencia, en nuestros corazones y en nuestros comportamientos.

Sin embargo, en Caritas Siria, con 200 empleados y voluntarios al servicio de más o menos 300.000 personas y de 50.000 familias, vivimos una experiencia diaria que nos hace superar la violencia de otro modo.

En Caritas, mientras que Siria se destruye y se divide, tenemos la experiencia, primero como cristianos y luego como sirios, de estar llamados a entrar en un proceso de comunión y de compromiso.

Mientras que en el país reina un lenguaje unívoco que genera una voluntad de dominio, en Caritas, con los jóvenes al servicio de los pobres y los desplazados, y con todos a los que ofrecemos nuestra asistencia humanitaria, comunicamos un nuevo lenguaje.

En nuestros proyectos intentamos ver la realidad con objetividad, y en nuestro modo de tratar a las personas intentamos respetar su dignidad y no clasificarlas según criterios de pertenencia a un determinado grupo, sea cual sea.

Podemos decir que en la antesala del cuarto año de la guerra siria, en Caritas Siria queremos celebrar efectivamente un aniversario de esperanza: estamos viviendo, como cristianos pertenecientes a diferentes Iglesias, una experiencia de comunión.

Cuando dejamos de mirarnos a nosotros mismos para defender nuestros intereses, cuando salimos de nosotros mismos para acoger la riqueza y la belleza de las Iglesias, juntos nos hacemos cada vez más cristianos. Del mismo modo, Caritas, al servicio de los sirios y sobre todo de nuestros hermanos, musulmanes de diferentes confesiones y etnias, hace crecer nuestro sentido de verdadera ciudadanía.

Gracias a nuestros compañeros de Caritas que sostienen y acompañan día a día nuestro combate para construir una sociedad de fraternidad y de respeto mutuo».