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Un entrevista a Carsterns Mulume, Director nacional de CADECOM, Comisión Católica para el Desarrollo de Malawi (Caritas Malawi), de Laura Sheahen, Encargada de Comunicaciones de Caritas Internationalis

Carsterns Mulume, Director Nacional de CADECOM, con una naranja en la mano, durante le reunión de Roma, Italia, sobre ‘Alimentos para todos”. Foto de Laura Sheahen/Caritas

Carsterns Mulume, Director Nacional de CADECOM, con una naranja en la mano, durante le reunión de Roma, Italia, sobre ‘Alimentos para todos”. Foto de Laura Sheahen/Caritas

Cuando usted era pequeño, en Malawi, ¿cómo era la situación de la carestía?

Éramos una familia de nueve hijos. Cuando uno es pequeño, es normal esperar el desayuno. Poder comer. Pero no había nada. Mi madre quería darnos algo, sin embargo, era frecuente, en mi caso, irme a la escuela sin desayunar. Uno o dos días a la semana, si había desayuno, pero la mayoría de las veces, íbamos al colegio con el estómago vacío. Era igual para la mayoría de los demás niños.

¿Había comida en la escuela?

Nuestra escuela primaria no tenía comida gratuita para el almuerzo. Si vas al colegio con el estómago vacío, a menos que tus padres te dieran algo de dinero, volvías a casa con el estomago vacío.
Teníamos dos recreos en el colegio. Los amigos que tenían dinero, iban a comprar comida. Y te quedabas mirando mientras ellos comían. Eso te hacía aumentar el hambre. No había suficiente para poder compartir. Aunque veces compartían, otra veces no.

Luego llegabas a casa y no encontrabas nada tampoco. Nuestra cocina era como un espacio abierto – uno llega y espera encontrar el fuego encendido y algo que está cociendo. Pero te das cuenta de nuevo, que no hay alimentos, no hay nada…

Eso era lo que hacía más daño: ir al colegio con hambre, ver a tus amigos comiendo, volver a casa y no encontrar nada para comer. No se puede echar la culpa a nadie. Tus padres hacen todo lo que pueden.

¿Cómo se ganaban sus padres la vida?

El problema era la producción de alimentos. Mi familia tenía una tierra. Mis padres iban a cultivar el campo. Intentaban cultivar maíz, alubias, sorgo, carillas. Pero a causa de los reiterados cultivos, la tierra perdió su fertilidad, su capacidad para retener la humedad y los nutrientes. La única manera de conseguir cultivos era usando fertilizantes, que era caros. Costaban unos 3 dólares, en el valor de hoy en día. Pero no teníamos ese dinero. Era imposible.

¿Me puede usted contar algo sobre un año que fue particularmente difícil?

Sí, recuerdo de un año muy malo. Se nos terminaron los provisiones cuatro meses después de la cosecha. Mi madre tuvo que ir a cultivar la tierra de otra persona. Mi padre iba a trabajar como guardia de seguridad a una de las plantaciones. Era terrible, porque él se iba a trabajar a las 5 de la tarde, tenía que estar despierto toda la noche, vigilando la plantación y volvía a casa por las mañanas, muy cansado. Todo eso con el fin de poder comprar comida para toda la familia.

Un se despertaba por la mañana, pensando solo en comer, nada más que en eso. Durante el día nos las arreglábamos, arrancando fruta de los árboles, como mangos y guayabas. Luego, por la noche, a veces había gachas.

¿Me puede decir algo sobre otras personas que pasaban hambre?

Mi abuela era muy cariñosa. Me acuerdo de un día que yo tenía algo de comer, creo que era una patata cocida. Ella y su amiga estaban allí, y entonces llegué yo con la patata y le ofrecí un poco a mi abuela. Ella me dijo: “Dale un poco a ella también”. Ella ayudaba también un señor anciano, que vivía en nuestra casa. Y ella siempre le daba parte de su comida a él también. Lo hacía todos los días. Ella tenía compasión, tenía amor.

¿Consiguió usted terminar la escuela, a pesar de la carencia de nutrición?

CADECOM (Caritas Malawi) adiestra a pequeños agricultores en técnicas de siembra e irrigación, así como  mecanismos del mercado, de manera que puedan cultivar mejor y ganar más dinero con sus cultivos. Foto de David Snyder/CRS

CADECOM (Caritas Malawi) adiestra a pequeños agricultores en técnicas de siembra e irrigación, así como mecanismos del mercado, de manera que puedan cultivar mejor y ganar más dinero con sus cultivos. Foto de David Snyder/CRS

Es muy difícil estudiar con el estómago vacío. No es fácil concentrarse. Hay que tener padres determinados, que te alienten. Mi madre era una católica devota. Ella solía rezar el Padrenuestro y me decía siempre: “¡Ve a la escuela y ve a la iglesia!”.

Terminé la enseñanza secundaria, pero la mayoría de mis compañeros de escuela no pudieron hacerlo. Cuando terminé la secundaria, anunciaron por radio los resultados de aquellos que irían a la Universidad. Yo estaba allí sentado, escuchando nervioso. Cuando dijeron mi nombre, ¡mi madre empezó a saltar y a aplaudir de alegría!

La familia siguió pasando hambre. Cuando yo volvía a casa de la Universidad, ellos decían, aunque tengamos poca comida, Carsterns tiene que comer algo, porque él ahora está acostumbrado a comer
Otro hermano, que me estaba a pagar la matrícula universitaria, murió. Lo único que pude hacer por él, para agradecérselo, fue ayudar a su hermana. Su madre había muerto y ella estaba sola, por eso la ayudé.

¿Me puede decir algo sobre alguna de las personas que hayan recibido ayuda de CADECOM?

Recuerdo a una anciana de unos 90 años, que había perdido a sus tres hijas y cuidaba de sus nueves nietos huérfanos. Un programa patrocinado por Caritas Australia la ayudó, facilitándole simientes, fertilizante y capacitación, así mismo escavó un pozo cercano. Yo la visité. Ella abrazó a nuestro cooperante en el terreno y dijo: “¿Cómo podría yo darle de comer a estos pobres huérfanos sin la ayuda de CADECOM?”

¿Qué es lo que le inspira a usted cuando trabaja en asuntos de nutrición en Caritas?

Yo sé que existe la posibilidad de cambiar las cosas. La tierra está ahí. La gente está dispuesta a trabajar y dice: “El gobierno no debería darnos alimentos. Nosotros tenemos la tierra, la fuerza. Nadie se rinde. Eso me inspira. Si usted viene a visitarnos a Malawi, se sorprenderá al comprobar que la gente no se ha rendido.