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El Obispo Nestor Azagbya de Bossangoa (al centro) y tres sacerdotes diocesanos fueron secuestrados y liberados posteriormente. Foto: Valerie Kaye/Caritas

El Obispo Nestor Azagbya de Bossangoa (al centro) y tres sacerdotes diocesanos fueron secuestrados y liberados posteriormente. Foto: Valerie Kaye/Caritas

El Obispo Nestor Azagbya Nongo de Bossangoa y tres sacerdotes diocesanos fueron secuestrados el 16 de abril en Batangafo, en la República Centroafricana.

Se encontraban en una visita pastoral como parte de las celebraciones de Semana Santa. Sus secuestradores los llevaron a Kabo, en la frontera con Chad.

Los encargados del mantenimiento de la paz de la Unión Africana (Misca) detuvieron a un convoy ex-Seleka cuando se dirigía a Chad con los secuestrados. Liberaron a los obispos y a los sacerdotes.

El Presidente de Caritas República Centroafricana, Diudonné Nazapalainga, condenó los ataques contra los hombres de Dios.

Seleka fue la milicia que ocupó el poder en la República Centroafricana hasta diciembre del año pasado. Estos lanzaron una ofensiva contra Bossangoa en septiembre. Cientos de casas fueron incendiadas y muchas personas fueron asesinadas.

El recinto de la catedral católica fue el refugio final para 41.000 personas.

El Obispo Nestor tuvo un papel protagónico en el suministro de víveres, atención médica, protección y albergue, con el apoyo de Caritas.

El Obispo también encabezó iniciativas comunitarias para la protección de la paz y dijo que el futuro de la República Centroafricana debe incluir a cristianos y a musulmanes.

Permaneció en la catedral durante los tres meses que estuvo ocupada, un símbolo de esperanza para miles de personas que temían por sus vidas.

La liberación tuvo lugar justo cuando llegaron los encargados del mantenimiento de la paz africanos y franceses. Los combatientes Seleka huyeron a Chad en masa. El colapso de la ley y el orden ha continuado creando caos en la República
Centroafricana.

Caritas ha seguido suministrando ayuda en Bossangoa y está trabajando en aldeas en donde más del 70 por ciento de las casas han sido destruidas o dañadas.

A principios de febrero, 3.500 familias rurales habían recibido artículos para el hogar y lonas impermeabilizadas.