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S. Em.ª Sean Cardenal O’Malley en la misa fronteriza. Foto de USCCB

S. Em.ª Sean Cardenal O’Malley en la misa fronteriza. Foto de USCCB

Durante la Cuaresma, se nos recuerda el periodo de Jesús en desierto, que evoca también el largo viaje del pueblo de Israel, liderado por Moisés, para llegar a la Tierra Prometida.

El 1 de abril, el Cardenal Sean O’Malley estuvo en un desierto de la era moderna, que se extiende a lo largo de la frontera EE.UU.-México. Es un lugar que ha sido escenario de sufrimientos, violaciones y abusos. Un lugar al que llega la gente esperando que su viaje termine en una vida mejor pero que, con demasiada frecuencia, termina en la desesperación, el sufrimiento y, a veces, la muerte.

El Cardenal O’Malley, de Boston, viajó a la frontera con un grupo de Obispos de EE.UU. para celebrar la Eucaristía con los migrantes, que habían viajado a la frontera de EE.UU. con la esperanza de entrar en EE.UU. En un gesto significativo, él dio la comunión a los migrantes a través de los barrotes que los mantenían alejados.

En su homilía, el Cardinal dijo: “Hemos venido aquí hoy para ser el prójimo y encontrar a otro prójimo, en cada una de esas personas que sufre, que arriesga su vida y, a veces, incluso la pierde en el desierto”.

Los líderes católicos de EE.UU. quieren que el Congreso comprenda que la inmigración a lo largo de la frontera con México es un asunto humanitario urgente. Durante su primer encuentro con el Papa Francisco, la semana pasada en el Vaticano, Barack Obama, Presidente de EE.UU., manifestó su interés en hacer pasar en el Congreso una reforma sobre la inmigración.

Casi 12 millones de inmigrantes viven ilegalmente en EE.UU. y casi la mitad de ellos son mexicanos. Millares de personas son víctimas de maltrato o incluso mueren cada año en territorio desértico, intentando cruzar ilegalmente a Estados Unidos, a lo largo de los más de 3200 km de frontera con México.

Solo pocos días antes de la visita del Cardenal a Nogales, en Arizona, fueron encontrados en el desierto mexicano 370 niños migrantes. Al parecer, habían sido abandonados allí por traficantes de personas que fueron pagados para llevarlos a Estados Unidos. El más pequeño de ellos tenía solo nueve años.

Caritas trabaja con la Conferencia Episcopal de EE.UU para llevar a cabo actividades de incidencia sobre el tema de los niños migrantes no acompañados. La prioridad es evaluar lo que es mejor para cada niño y encontrar una solución duradera.

El Cardenal citó al Papa Francisco en su homilía: “La cultura del bienestar, que nos lleva a pensar en nosotros mismos, nos hace insensibles al grito de los otros”.

Durante la misa, el alto prelado depositó una corona de flores en el muro fronterizo, para recordar a los muertos. Esa visita se hace eco de la que hizo el Santo Padre Francisco a Lampedusa (Italia), el año pasado, y el Papa lanzó también una corona de flores al Mar Mediterráneo, para recordar a todos los migrantes que perecieron intentando llegar a Europa.

“Aquí, en el desierto de Arizona, hemos venido a llorar la muerte de esos innumerable inmigrantes que arriesgan sus vidas, en manos de los coyotes y las fuerzas de la naturaleza, para llegar a Estados Unidos. Cada año, se encuentran cuatrocientos cadáveres en las fronteras, son cuerpos de hombres, mujeres y niños que querían entrar a Estados Unidos. Y eso son sólo los cuerpos que se llegan a encontrar…”, dijo el Cardenal O’Malley.