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Foto: Sam Phelps / CRS

Mensaje de Pascua 2014 de S. Em.ª Óscar Cardenal Rodríguez Maradiaga

Queridos amigos:

Hay ocasiones en la vida en las que nos encontramos perdidos en el desierto y lejos de casa. En esos momentos nos sentimos asustados, que nadie nos quiere y como si nuestro sufrimiento no se fuera a acabar nunca.

Si miramos a nuestro alrededor, vemos a gente que está cruzando el desierto, literalmente: como los refugiados de Siria; los desplazados o amenazados por grupos y milicias armadas, en la Republica Centroafricana; los migrantes desesperados que intentan cruzar las tierras yermas entre México y Estados Unidos, etc.

La esperanza es lo que mayormente nos empuja a nuestro viaje. Es la que nos asegura que saldremos del desierto para ver la luz de otro día. Nunca hemos de perder la esperanza, como dice el Papa Francisco: “Nunca dejen que nadie les robe la esperanza”.

Tras un largo periodo en el desierto, que es la Cuaresma, llegamos a la Pascua de Resurrección: que es la victoria de la vida sobre la muerte. Es la victoria de Jesús sobre la opresión.

“Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos” (Jn.15,13). Se nos ha hecho una gran promesa de una vida nueva, pero necesitamos coraje, para abrazar a Jesús y seguir sus huellas.

Cuando oímos hablar de la muerte y el sufrimiento que afligen a nuestros hermanos y hermanas, hemos de luchar contra la indiferencia.

Cuando abrimos nuestro corazones a otras personas que sufren, nos exponemos a la gracia transformadora. ¿Nos atrevemos a abrir nuestros corazones a la humanidad, con todo su dolor, sufrimiento e imperfección? ¿Nos atrevemos a ser un ejemplo vivo de caritas?

Vamos a entrar en un periodo de gran gozo. La celebración de la Resurrección del Jesucristo nos saca de nuestro desierto y nos pone en el camino de la esperanza y la vida eternal.

Suyo en Cristo,

Oscar Andrés Cardinal Rodriguez Maradiaga, S.D.B.
Presidente, Caritas Internationalis