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Equipo de voluntarios con Cáritas Sudán del Sur durante la distribución de toldos de plástico en Agok. Foto de Gabriel Dhieu, CRS

Equipo de voluntarios con Cáritas Sudán del Sur durante la distribución de toldos de plástico en Agok. Foto de Gabriel Dhieu, CRS

Nyantwic Deng está desesperada.

En los límites del campamento de IDP (Desplazados Internos) de Majak Deng Kaya, en Agok, se encuentra esta mujer sentada bajo un solitario árbol al que ahora llama “casa”. Tiene la mirada perdida; después empieza a llorar.

“Vine aquí con mis cinco hijos y cinco vecinos. Habían matado a mi marido”, explica. Nyantwic es originaria del área de Mayom, en el estado de Unidad, en Sudán del Sur, uno de los avisperos de violencia del país.

Como ella, en la pequeña localidad rural de Agok, en la disputada zona entre Sudán del Sur y Sudán, a unas 20 millas al suroeste de Abyei, 3.500 personas están instaladas en tres campamentos para gente que ha sido obligada a abandonar sus hogares. Se espera que lleguen más pues está previsto que los combates se extiendan a otras zonas del estado de Unidad.

Situación desesperada

Sin un techo sobre sus cabezas, estas familias se han apretado bajo los pocos árboles que hay alrededor. La mayoría pasa la noche al aire libre, vulnerables ante elementos naturales como los fuertes vientos y las tormentas

La comida es un lujo que la mayoría no puede permitirse por lo que, la mayoría, vive con un plato al día. En los campamentos no hay instalaciones sanitarias, lo cual representa un riego de contraer enfermedades. “Hemos perdido todo. El más pequeño de mis hijos tiene siete meses, ¿cómo le compro leche?”, dice Nyantwic.

Cáritas está llegando hasta familias desesperadas en Sudán del Sur, como por ejemplo aquí, en el campamento de IDP de Majak Denga Kaya, en Agok, donde las mujeres reciben toldos de plástico para resguardarse. Foto de Gabriel Dhieu, CRS

Cáritas está llegando hasta familias desesperadas en Sudán del Sur, como por ejemplo aquí, en el campamento de IDP de Majak Denga Kaya, en Agok, donde las mujeres reciben toldos de plástico para resguardarse. Foto de Gabriel Dhieu, CRS

Cáritas está entre las primeras agencias humanitarias que han respondido a las necesidades de los desplazados aquí, en Agok. Mediante la Caritas nacional, las familias más vulnerables han recibido unos 250 toldos de plástico que han sido donadas por Cordaid y también se han distribuido 1.000 kits de NFI (artículos no alimentarios) proporcionados por el miembro de la alianza Norwegian Church Aid (Asistencia de la Iglesia noruega -NCA)..

El Padre Biong Kuol, el vicario de la parroquia de Abyei, ha estado en primera línea ayudando a estas familias a empezar de nuevo.

“Cáritas y la Iglesia siguen respondiendo a las necesidades de las personas pero aún así no es suficiente”, afirma. “Mira alrededor y verás que son las mujeres y los niños inocentes los que están pagando el precio de este conflicto, durmiendo bajo la lluvia. Es hora de intervenir”.

No es la primera vez que Agok se convierte en un refugio seguro para familias que se ven envueltas en conflictos. Hace solo tres años, aproximadamente 100.000 personas vinieron aquí huyendo de la guerra en Abyei. La pequeña localidad, con un dinámico mercado, apenas se recuperaba.

Romper la espiral de violencia

Cáritas considera que es necesario que se haga más para no sólo ayudar a las familias a empezar de nuevo sino también para romper el círculo vicioso de violencia y guerra.

“Es alentador ver cómo esta pequeña localidad sin mucho que ofrecer ha resultado ser un refugio para miles de familias”, dice Gabriel Yai, Director de la Cáritas nacional en la capital del país, Juba.

“Las organizaciones miembro de Cáritas y la Cáritas nacional de Sudán del Sur, están trabajando para aliviar el sufrimiento de las familias afectadas, aquí y en otras zonas accesibles. Es hora de escuchar la voz de los sin voz”, ha afirmado.

Mujeres desplazadas pasan por delante de casas incendiadas mientras vuelven a Bor, una ciudad del estado de Jonglei, de Sudán del Sur, que ha sido escenario de feroces combates en los últimos meses. Foto de Paul Jeffrey para Cáritas.

Mujeres desplazadas pasan por delante de casas incendiadas mientras vuelven a Bor, una ciudad del estado de Jonglei, de Sudán del Sur, que ha sido escenario de feroces combates en los últimos meses. Foto de Paul Jeffrey para Cáritas.

Las organizaciones humanitarias y las Naciones Unidad han hecho un llamamiento por un periodo de “30 Días de Tranquilidad”, el cual se espera que empiece poco después de que las partes enfrentadas se encuentren cara a cara en las conversaciones de paz de Etiopía. Ésta será la primera vez que los líderes de los dos bandos se vean cara a cara desde que empezó la guerra.

Los 30 de Días de Tranquilidad representarán un nuevo alto al fuego en el conflicto armado nacional, con la esperanza de que los agricultores puedan volver a sus tierras y las familias desplazas a la seguridad.

Nyantwic, sin embargo, está decidida a quedarse: “No me voy. Aquí estoy segura”, afirma.

Se necesitan más donaciones para que la Cáritas nacional y las agencias de Cáritas puedan responder a las necesidades de las personas que, como Nyantwic, están afectadas por el conflicto. Las agencias de Cáritas necesitan un millón de euros adicional además de la ya prometida suma de 585.000 euros para poder organizar operaciones de auxilio en zonas de difícil acceso.