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Los centroafricanos de la norteña localidad de Kaga-Bandoro sienten la amenaza de la violencia por todas partes en uno de los lugares más importantes de un país divido por la guerra.

“Dentro de la localidad están los ex-Seleka, en el oeste los Anti-Balaka y en el monte están los pastores peul”, explica el padre Luk Delft, de Cáritas Kaga-Bandoro.

Mientras que reina la anarquía, los residentes han huido de sus hogares. 23.000 personas están buscando refugio en dos campamentos, uno en la iglesia de la Natividad y otro en la casa del obispo.

Algunos mediadores de paz regionales africanos proporcionan algo de seguridad a los que están en casa del obispo. No tiene verja ni muro de protección. Los que se encuentran en la iglesia de la Natividad sólo tienen la parroquia como protección.

Las familias de los milicianos están entre ambos grupos de personas.

Caritas es la última agencia de ayuda humanitaria que ha quedado en la localidad, donde 23.000 personas buscan seguridad en las propiedades de la iglesia. Crédito: MINUSCA

Caritas es la última agencia de ayuda humanitaria que ha quedado en la localidad, donde 23.000 personas buscan seguridad en las propiedades de la iglesia. Crédito: MINUSCA

“Estamos cuidando de todos en Natividad y en la casa del Obispo”, afirma el padre Delft. “Nuestras necesidades son enormes”.

Excepto Caritas, todas las agencias de ayuda humanitaria se han retirado. En colaboración con la ONU, Caritas está ofreciendo gratuitamente asistencia sanitaria, alimentos, educación y semillas. La pequeña clínica de Caritas está tratando actualmente a 50-60 personas al día.

“Las condiciones de vida son terribles. Solo hay unos cuantos toldos, no hay esterillas ni mosquiteras. Recibimos 200 toldos pequeños de UNICEF y del CICR para los dos lugares. Caritas ha construido con estas telas algunas tiendas colectivas para madres con bebés y personas mayores. Sin embargo, muchos niños y bebés duermen a la intemperie, sin protección”, afirma el padre Delft.

“Como resultado de la falta de seguridad, muchos de los alimentos no consiguen llegar de Bangui a Kaga-Bandoro. Una vez que conseguimos traerlos, es difícil hacer que lleguen a la gente de los pueblos debido a las amenazas existentes”.

Las condiciones en Bangui son desalentadoras. La gente duerme en tierra embarrada y no tiene suficiente para comer. Crédito:Arie Kievit/Cordaid.

Las condiciones en Bangui son desalentadoras. La gente duerme en tierra embarrada y no tiene suficiente para comer. Crédito:Arie Kievit/Cordaid.

El conflicto estalló en la República Centroafricana a finales de 2012. Miles de personas han muerto desde entonces y otros cientos de miles han tenido que desplazarse, tanto dentro como fuera de las fronteras del país.

En la capital, Bangui, fuerzas del gobierno y cooperantes internacionales están intentando establecer la seguridad. Las tensiones son fuertes en la capital, con ataques contra parroquias y mezquitas, barreras en las carreteras y frecuentes explosiones de violencia.

Todavía más de 160.000 personas siguen buscando seguridad en grandes campamentos cercanos al aeropuerto, al seminario de St. Mark y a la iglesia de Fátima de Bangui. Llevan allí desde diciembre, durmiendo sobre tierra embarrada, sin alimentos suficientes y con la malaria propagándose de forma descontrolada, especialmente entre los niños.

A pesar de las duras condiciones y de la presencia de los mediadores de paz, la gente no quiere volver a sus casas. Tres cuartas partes dijeron que querían volver a casa cuando se les preguntó en enero pero ahora sólo lo desea la mitad.

Cáritas Bangui ofrece alimentos para que la gente que ha huido de la violencia pueda cocinar platos calientes. Crédito:Arie Kievit/CORDAID

Cáritas Bangui ofrece alimentos para que la gente que ha huido de la violencia pueda cocinar platos calientes. Crédito:Arie Kievit/CORDAID

Cáritas trabaja dentro de los campamentos ofreciendo alimentos, ropa de cama, mosquiteras y kits de higiene. Nuestro personal ayuda a algunas de las comunidades más amenazadas por los ataques.

En zonas demasiado peligrosas como para que los niños abandonen los campamentos, el personal local colabora para poder ofrecer una educación informal en un ambiente seguro con el apoyo de miembros de Caritas, como por ejemplo de CORDAID en Holanda.

Caritas trabaja con la ONU para poder darles a los niños de los campamentos de refugiados un lugar seguro en el que jugar. Crédito: Kim Pozniak/CRS

Caritas trabaja con la ONU para poder darles a los niños de los campamentos de refugiados un lugar seguro en el que jugar. Crédito: Kim Pozniak/CRS

Fuera de Bangui, la situación es mucho peor. Diferentes bandas armadas han establecido sus propios feudos en lo que se ha convertido en un archipiélago de criminalidad en todo el país.

Caritas, con su alcance de base, todavía puede ayudar. Ahora es la época de siembra más importante. Caritas está distribuyendo semillas y herramientas en lugares como Bouar, Mbaiki y Berberati.

 Ofreciendo recursos vitales en la República Centroafricana, en Bossangoa. Caritas ha ido de pueblo en pueblo repartiendo semillas de cacahuete y maíz. Crédito: Kin Pozniak/CRS

Ofreciendo recursos vitales en la República Centroafricana, en Bossangoa. Caritas ha ido de pueblo en pueblo repartiendo semillas de cacahuete y maíz. Crédito: Kin Pozniak/CRS

Caritas también apoya la creación de plataformas por la paz para jóvenes provenientes de contextos cristianos y musulmanes, ofreciéndoles así una ruta alternativa a la violencia.

Como parte de los esfuerzos para la consolidación de la paz, el arzobispo de Bangui, Dieudonné Nzapalainga y el Imam Oumar Kobine Layama viajan a los focos de conflicto.

En mayo, los líderes religiosos fueron a Yaloke, donde las familias musulmanas estaban bajo la amenaza de la comunidad local. Ellos consiguieron encontrarles un lugar más seguro en el que poder quedarse.

Hay una enorme diferencia en los lugares que cuentan con un apoyo financiero.

En Bossangoa, Caritas y su miembro estadounidense CRS fueron de pueblo en pueblo para distribuir semillas de cacahuete y de maíz, proporcionado así a las familias una fuente de alimentación importantísima para un año.

Confiamos en la ayuda de nuestros hermanos y hermanas de la Iglesia Católica. Confiamos en sus oraciones y en cualquier otro medio que ustedes tengan para ayudarnos”, explica el obispo de Bossangoa, Nestor Azagbya Nongo. “Gracias por su generosidad”.