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“Si consigo los papeles espero tener un futuro brillante porque voy a vivir en Europa”, dice Aashif (a lo lejos a la derecha) Crédito: Hough/Caritas

“Si consigo los papeles espero tener un futuro brillante porque voy a vivir en Europa”, dice Aashif (a lo lejos a la derecha) Crédito: Hough/Caritas

Parece ser que Eleanor Roosevelt dijo una vez: “Ganamos fuerza, valor y confianza con cada experiencia en la que verdaderamente nos detenemos a mirar al miedo a la cara”.

La semana pasada conocí a alguien en Sicilia que me hizo recordar estas palabras. Estaba visitando un centro de menores inmigrantes en la ciudad portuaria de Augusta al que Caritas ayuda con el funcionamiento. Decenas de miles de inmigrantes están arriesgando sus vidas para cruzar el Mediterráneo en barcas abarrotadas y, a veces, antes de eso atraviesan el desierto del Sahara.

Aashif* tiene 21 años, no es exactamente un menor inmigrante pero es muy joven para estar enfrentándose a lo que se está enfrentando. Viajó de Bangladesh a Libia, desde donde quería entrar en Italia. Él me explicó por qué abandonó su país: “mi familia es muy pobre. Tengo tres hermanos y dos hermanas, yo soy el mayor. Mi padre no tiene trabajo, yo tengo que mantener a mi familia”.

Aashif trabajaba en una tienda en Bangladesh pero no ganaba mucho dinero. Decidió ir a Italia porque “Italia es el centro de Europa” y sentía que desde allí podría ir a otros países si no encontraba trabajo. Su madre lloró cuando dijo que se iba pero él sentía que Bangladesh no tenía nada que ofrecerle así que dijo: “quizás muera pero no pasa nada”.

Dice que Libia era peligrosa y decidió irse después de que lo atracaran a punta de navaja y le robaran. Un amigo bengalí le presentó a un traficante que consiguió meterlo en un barco para Italia. El coste del viaje era de 2.000 dinares (1.100 euros). Había casi 400 personas en la pequeña embarcación. No había espacio para tumbarse ni tampoco nada de comida durante el viaje.

“Pasé todo el tiempo rezándole a Dios y llorando porque estaba entrando agua en la embarcación”, explica Aashif.

La fuerza naval italiana los recogió tres días más tarde y les dio alimentos y agua. Cuando en octubre de 2013 366 inmigrantes murieron ahogados en el mar cerca de la isla de Lampedusa, Italia lanzó el programa “Mare Nostrum” como medida temporal. Aquí es donde la fuerza naval rescata a inmigrantes de embarcaciones, a menudo innavegables, no mucho después de que hayan zarpado de Libia.

Los inmigrantes más jóvenes que fueron rescatados con Aashif fueron llevados al centro para menores inmigrantes de Augusta, el cual es dirigido por el ayuntamiento de la localidad. Hay 114 inmigrantes de Bangladesh, Pakistán, Egipto, Siria, Malia, Gambia, Eritrea y Ghana.

Caritas les da ropa, clases de italiano y geografía y algo de comida. Los inmigrantes deberían permanecer solo unos días en el centro pero Italia está luchando para encontrar alojamiento de larga duración para los inmigrantes, porque han estado llegando muchos.

El gobierno italiano ha declarado que 43.000 inmigrantes cruzaron el Mediterráneo en los cinco primeros meses de 2014. Esto iguala el número total que llegó en todo 2013.

Oliviero Forti, jefe de la oficina de inmigración de Cáritas Italia, ha pedido recientemente que se establezca un “corredor humanitario” para garantizar la seguridad de los inmigrantes que viajan de África del Norte a Italia. También ha urgido a la acción a nivel europeo puesto que el masivo número de inmigrantes refleja que Italia no puede hacer frente a este asunto sola.

Aashif dice que su principal problema en este momento es que no tiene suficiente crema y su piel está irritada. Le gustaría tener ropa que le quedara mejor y también más alimentos.

Uno de los doctores del centro explica: “Muchos de los inmigrantes vienen con problemas dermatológicos después de haber pasado por un viaje tan largo bajo el sol y sin agua para beber. Tienen resfriados, dolores de cabeza y dolores y molestias por haber estado en unas condiciones tan estrechas en las embarcaciones”

Francesco Mudano, jefe de inmigración de Cáritas Siracusa, la cual abarca Augusta, explica: “Los inmigrantes piensan que una vez que lleguen a Italia se resolverán sus problemas pero esto no es así. Aunque la inmigración a través del Mediterráneo es tratada como un asunto de emergencia, la situación no cambiará. Es vital que Italia consiga apoyo europeo para poder establecer sistemas para hacer frente al vasto número de inmigrantes que está llegando a las costas”.

Aashif se siente decaído después de cinco días en el centro de inmigrantes, esperando para ser enviado a otro lugar de Italia. Quiere conseguir sus documentos, empezar a trabajar y tomar su futuro en sus manos. Está completamente convencido de que un día llegará a tener éxito y podrá enviarle dinero a su familia.

“Si consigo los papeles espero tener un futuro brillante porque voy a vivir en Europa. Esto no es Asia, está muy desarrollado en comparación con otros países”, dice Aashif. “Si el gobierno italiano me ayuda y me da mis documentos, confío en que tendré éxito en mi vida y me construiré mi futuro”.

*Nombre cambiado