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Cuando el ébola empezó a llegar más cerca de un orfanato que él dirige en Sierra Leona, el P. Peter Konteh supo que había llego el momento de alejar de allí a los niños, con mayor riesgo de contagio: “Vamos a ir a ver la playa”, les dijeron a los niños los sacerdotes de la Caritas de Freetown.

Él fundó el orfanato después de la guerra civil en el país, que dejó a muchos niños huérfanos. Y ahora ellos están de nuevo en peligro: “Yo no quería que cundiera el pánico. Algunos de estos chicos ya ha sufrido traumas en la guerra”.

El P. Peter llevó a los niños a Freetown, la capital de Sierra Leona. “Almorzamos y también tomamos luego algún refrigerio. Estuvimos cantando en el autocar, porque tenía que parecer un viaje feliz”, recuerda él. Los niños están ahora como huéspedes de familias anfitrionas.

El ébola, con bajos índices de supervivencia, ha matado hasta finales de julio a más de 700 personas en África occidental. ‘Pero se puede prevenir’ , dice el P. Peter. “Enseñamos a la gente a reducir los contactos”.

Los cooperantes de Caritas se dispersan entre países como Guinea y Sierra Leona, van a aldeas remotas, suburbios y pueblos para enseñarle a la gente una buena higiene y a lavarse las manos, con el fin de intentar frenar la propagación de la enfermedad. [Por favor apoye nuestro trabajo la lucha contra el ébola]

El jabón, el cloro y el desinfectante para las manos son eficaces. En Guinea, Caritas ha comprado jabón y cloro para más de 100.000 personas y va de puerta en puerta para sensibilizar a la gente.

En Guinea, Caritas trabaja con otros grupos de ayuda humanitaria en la distribución de jabón, cloro y otros artículos a millares de familias. Foto: Caritas

En Sierra Leona, los cooperantes de Caritas organizan sesiones locales de capacitación y adiestramiento y hablan por la radio. “El mayor enemigo es la falta de conocimiento”, dice Edward John-Bull, director de Caritas Sierra Leona.

“Traemos a doctores y a otros profesionales para llevar a cabo la capacitación. Capacitamos a los maestros de las escuelas católicas y a los sacerdotes, de manera que sepan cómo protegerse. Luego ellos vuelven a las parroquias y hablan del ébola durante la homilía, así como los catequistas”, dice él.

“El valor añadido de Caritas es que ya estamos allí, en las comunidades. La gente confía en los líderes religiosos” , dice Moira Monacelli, Coordinadora regional de Caritas Italiana para África occidental.

Los cooperantes de Caritas toman sus precauciones, así como son sensibles a la cultura local. Caritas llega hasta las personas más vulnerable, que corren un mayor riesgo de contagio, como: “los empleados en restaurantes, taxistas, empleados de hotelería, empleados de los mercados, lugares en los que la gente se junta” , dice John-Bull. Caritas trabaja también con las comadronas, para asegurarse de que sepan cómo hacer para una alumbramiento sano, de manera que el bebé no se contagie del ébola durante el parto”, dice él.

Cuando las personas se ponen enfermas, hay quien se resiste a ir al hospital. Algunos creen en teorías de conspiración y dicen que el virus lo trajeron grupos extranjeros a propósito, como medio de cobertura para el tráfico de órganos. Hay personas que confían en los curanderos tradicionales. En otros casos, la población local “dice que los doctores y enfermeros están contagiados”, indica Monacelli.

Los familiares no quieren dejar a sus seres queridos en cuarentena. “Para su cultura es imposible hacerlo, hay que estar cerca de la persona enferma hasta el final. Hasta la muerte. Incluso siguen el cuerpo y lo tocan ”, señala Monacelli.

Por eso, con el fin de que los familiares puedan estar en contacto con su seres queridos, “los cooperantes les han dado teléfono móviles”, dice el P. Peter.

Cuando alguien muere, el equipo del ébola lo entierra: “Cuando se entierra a alguien en un cementerio de ébola, no hay ningún familiar”, dice John-Bull. “Son muertos como si fueran prisioneros, los meten en grandes bolsas y los arrojan a una fosa. La pregunta es; ¿cómo se puede humanizar eso?”.

El personal de Caritas, sobre todo los sacerdote, se han convertido en intermediarios . Ellos trabajan con el personal de los hospitales y las familias, para organizar ritos fúnebres, que den dignidad y conforto a las familias, frenando así también la propagación del virus.

“Hay una especial de ambulancia especial anti-ébola que puede transportar con seguridad al fallecido”, dice John-Bull. “De esa manera, las familias pueden decidir el tipo y el lugar de entierro”.

El P. Peter conforta a las familias que no pudieron enterrar a sus seres queridos de la manera que querían, y les dice: “si podemos bendecir los alimentos, sin verlos, también podemos rezar por los seres queridos que perdieron sus vidas”.

Mientras aumentan los casos, es como si las comunidades se fueran ahogando: “Me acuerdo de ese pasaje de las Sagradas Escrituras en el que los discípulos pensaron que se estaban hundiendo y no había esperanza”, dice el P. Peter. “Pero dijo Jesús, ‘no temáis porque yo estoy con vosotros ‘. Yo pienso en eso y me siento seguro”, concluyo el P. Peter.

Algunos dice que el ébola es un castigo divino y la manera de pararlo es rezando: “Cuando voy a la radio, yo digo ‘Dios está con nosotros, pero es necesario también que nosotros hagamos todo los esfuerzos posibles para prevenir lo que está pasando. No podemos simplemente sentarnos y decir: estoy rezando”, dice el P. Peter.

En las áreas rurales, en las que no hay TV, esos mensajes de radio llegan muy lejos. Caritas Guinea ha realizado más de 2600 anuncios de radio en 8 emisoras.

Los niños del orfanato que ha evacuado el P. Peter ahora están bien. Sin embargo, “cuando nos comuniquen la noticia de que el ébola llegó a Freetown, ‘¿dónde se pondrá estar seguros?’” dice el P. Peter.

Y me pregunta a me: “¿A dónde iremos entonces?”.