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Caritas South Sudan at a NFI distribution in Yambio, South Sudan. Credit: Ally Ngethi/Caritas South Sudan

Caritas South Sudan at a NFI distribution in Yambio, South Sudan. Credit: Ally Ngethi/Caritas South Sudan

Cuando en 2011 entregó su arma al gobierno de aquel momento, Deng Young Nyat, de 63 años, tenía puestas sus esperanzas en que vendrían tiempos mejores.

Tres años después, obligado a abandonar su propio hogar en Bor, en el estado de Jonglei, sin trabajo y sin poder mantener a su mujer y a sus tres hijos, Deng está desilusionado.

“¿Cómo los mismos que lucharon por la independencia pueden ponerse a luchar entre ellos?”, dice.

“La independencia en 2011 fue para nosotros nuestra alegría porque significaba que todos y cada uno podríamos quedarnos en nuestro hogar en paz. Ahora no tengo hogar, ni trabajo, ni paz mental. Estoy desamparado”

A él y a su familia les llevó cinco días huir de la violencia de Bor y llegar al campamento Nyamaze, en Nimule, estado de Ecuatoria Oriental. No tenían nada excepto algunos objetos de menaje.
Pero las cosas no siempre habían sido así.

“La vida en Jonglei era buena porque desde que dejé de ser soldado trabajaba como vigilante en una de las escuelas de mi zona”, explica.

“Tenía tierras y cultivaba grano, verduras y hortalizas, y tenía suficiente para dar de comer a mi familia. Aquí en el campamento no tengo tierra para cultivar nada y me duele no poder mantener a mi familia. No me siento persona”.

Rose Amir también es de la zona de Mading Bor, en el estado de Jonglei.

“Vinimos aquí con las manos vacías, sin nada excepto la misericordia de Dios”, dice. “Yo vendía cosas en el mercado de Bor. Mis hijos iban bien en la escuela. Ahora todos ellos están sin escolarizar. ¿Qué voy a hacer?”.

Tres mil familias en el campamento de Nyamaze comparten las realidades de Deng y Rose. La mayoría de ellos tuvieron que desplazarse del conflictivo norte, dejando atrás lo que habían llamado hogar durante años y viéndose obligados a volver a empezar en un campamento cada vez más abarrotado.

Como en la mayoría de los campamentos de desplazados internos que hay en Sudán del Sur y que ahora acogen a 1,1 millón de personas a causa de los combates que volvieron a comenzar a mediados de diciembre del año pasado, la falta de condiciones higiénicas adecuadas sigue siendo uno de los principales problemas.

En los campamentos, el abastecimiento de agua potable y limpia y los aseos son limitados. Con las lluvias que se están produciendo, las familias viven en constante riesgo de contraer enfermedades transmitidas a través del agua, como la fiebre tifoidea y el cólera.

Children fetching clean water at the Nyamaze IDP camp in Nimule. Caritas Switzerland has installed this 10,000 litre capacity water system powered by solar energy, to ensure displaced families in this camp have access to clean water hence reduce the spread of diseases as cholera. Credit: Thomas Longa, Caritas South Sudan

Children fetching clean water at the Nyamaze IDP camp in Nimule. Caritas Switzerland has installed this 10,000 litre capacity water system powered by solar energy, to ensure displaced families in this camp have access to clean water hence reduce the spread of diseases as cholera. Credit: Thomas Longa, Caritas South Sudan

Según la Organización Mundial de la Salud, se han declarado 2.200 casos de cólera, de los cuales 54 han sido mortales.

Actualmente, nueve personas del campamento de Nyamaze están siendo tratadas por cólera. El riesgo de más infecciones va en aumento.

En respuesta, Cáritas Suiza, en colaboración con la Diócesis de Torit, ha instalado un sistema de distribución de agua con un depósito de 10.000 litros de capacidad para abastecer de agua tratada a las familias que viven aquí.

Además, se han repartido 46.550 pastillas para la purificación de agua a 745 familias en diferentes zonas del estado.

“Debido a que las instalaciones en los campamentos son inadecuadas, la gente siempre decide tomar alternativas no higiénicas como la defecación en zonas al descubierto, lo cual termina por contaminar el agua potable y plantea serios problemas de salud a la comunidad”, explica Joram Mwesigye, director nacional adjunto de Cáritas Suiza.

“Junto a nuestra compañera Cáritas Torit, animamos a las familias a llevar a cabo acciones sencillas como lavarse las manos, limpiar las garrafas antes de usarlas y usar las letrinas para que así podamos frenar la rápida propagación de enfermedades como el cólera, el cual constituye una verdadera amenaza”.

Como parte de su mayor respuesta a la crisis humanitaria del país, la Cáritas nacional está trabajando para conseguir y distribuir medicamentos a los hospitales que atienden a las personas que han huido a Ecuatoria Oriental.

“Nuestra única esperanza es que regrese la paz a Sudán del Sur y que las personas puedan volver a sus casas y seguir con sus vidas”, dice el director ejecutivo, Gabriel Yai.

“Pero para que eso ocurra, la gente tiene que tener salud, para así poder retomar sus medios de subsistencia y cuidar mejor de sus familias”.

Para Deng Young Nyat, cada día que pasa solo puede ser un escalón más hacia su sueño: volver a casa.
“Jamás me imaginé que sería un desplazado pero no pierdo la esperanza de volver a mi casa y a mis tierra”, dice.