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*Salima, de diecinueve años, espera a su primer hijo; es de mañana y ya las bancas de madera se están llenando de mujeres embarazas que esperan sus chequeos o de mujeres que han dado a luz sin novedad y esperan a que vean a sus bebés.

Salima se une a la cola, sujetando firmemente el papel en donde se registra su progreso. Espera pacientemente a que la llamen.

“Yo vengo a esta clínica con gusto, dice, mi bebé se mueve dentro de mi, en la clínica verifican que todo esté bien.

Me cuidan a mi y a mi bebé”.

Una clínica por el socio de Caritas Norwegian Church Aid (NCA) en el campamento de Hassa Hissa, en la región de Darfur de Sudán central. Foto: Annie Bungerouth / ACT-Caritas

El campamento Hassa Hissa en la región de Darfur Central en Sudán alberga a poco más de 60.000 personas. La clínica es un edificio muy importante en el campamento, ya que sus servicios abarcan tanto a las comunidades anfitrionas como a los habitantes de los campamentos.

La contraparte de Caritas, Ayuda de la Iglesia Noruega (NCA), ha estado operando las clínicas durante los últimos diez años, asegurando que las estanterías estén abastecidas de medicinas, que estén disponibles servicios de atención esenciales para madre e hijo. La clínica ofrece atención pre y post natal, educación en salud e instalaciones para partos seguros, con comadronas formadas.

Sin embargo, para la mayoría de mujeres la experiencia de dar a luz será en su vivienda del campamento con una comadrona tradicional, que tienden a ser señoras mayores de la comunidad sin capacitación formal.

Reconociendo que las vidas tanto de madres como de bebés podrían estar en manos más seguras si se les daba formación a las comadronas, NCA formó un equipo con el Ministerio de Salud y apoyaron la formación de comadronas.

Partera Toma en su clínica. Foto: Annie Bungerouth / ACT-Caritas

“Esta clínica es vital para las mujeres, aquí podemos determinar si hay complicaciones desde los inicios del embarazo y educar a las mujeres sobre cuáles son las señales de peligro, dice la partera Toma.

Sin embargo, cuando llega la hora, la mayoría de mujeres sigue pasando apuros para encontrar un médico o a una partera capacitada en el campamento, y una comadrona capacitada puede ser la diferencia entre la vida y la muerte”.

La formación incluye promover buenas prácticas de higiene, como el simple paso de lavarse las manos con jabón antes de empezar el parto a fin de reducir la expansión de infecciones, utilizar una hoja de afeitar limpia para cada parto.

La partera Toma atiende entre quince y veinte partos al mes. Continúa:

“Estos son pasos vitales muy sencillos.

No debemos olvidar que cuando un niño llega al mundo dependerá de su madre para cubrir todas sus necesidades.

Ella es quien le dará el pan de cada día y educación”.

Le toca a Salima su turno para ver a la partera Toma y la cruda realidad de sus condiciones laborales se hace evidente cuando uno entra en la pequeña y oscura sala de consulta. No hay monitores para bebés emitiendo pitidos, únicamente una cama cubierta con una pantalla hecha jirones.

La partera Toma con su estetoscopio fetal y sus manos habilidosas son la única tecnología, mientras ella palpa cuidadosamente para ver la posición del bebé y escucha los latidos de su corazón con el estetoscopio.

Ve a Salima y sonríe, “el bebé está bien”, dice.

*El nombre ha sido cambiado a solicitud de la persona.