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En medio de un cuenco de polvo y como si fuera un espejismo, un Land Rover destartalado apareció en el horizonte y luego desapareció, emergiendo de nuevo a los pocos minutos, conforme se fue acercando se hizo claro que su cargamento eran personas y sus pertenencias apiladas en el techo, dirigiéndose a toda velocidad a las afueras del campamento Hamadia.

*El jeque Haroon, líder del campamento local, veía el vehículo aproximarse, listo para recibir a los recién llegados. No fue sino hasta que el vehículo se detuvo a orillas del campamento temporal para recién llegados que el jeque Haroon se dio cuenta que los recién llegados eran miembros de su propia familia.

Se aferró a sus parientes en un emotivo abrazo de reunión y otros miembros de la comunidad los rodearon y les dieron la bienvenida.

La ONU reporta que en la primera mitad de 2013 hubo un incremento repentino en el número de personas que huyó de la violencia y se refugió en los campamentos permanentes de Darfur. Foto: Annie Bungerouth/ACT-Caritas

Luego apareció una carretilla de mano cargada de colchas viejas, del vehículo bajaron a una débil anciana, era la madre del jeque, de 86 años.

La familia del jeque Haroon tuvo que tomar la difícil decisión de abandonar su aldea debido al continuo conflicto y unirse a las otras 66.000 personas sin techo que viven en el campamento Hamadia en Darfur Central.

Habían pasado once años desde la última vez que el jeque había visto a su madre. Abrumado por la emoción, pero sintiendo alivio porque todos los miembros de su familia estaban a salvo, explicó que es difícil para los hombres desplazarse fuera de los confines del campamento. A menudo se arriesgan a ser arrestados o sometidos a abusos físicos.

La hermana del jeque, todavía aferrada a su brazo, le cuenta las últimas noticias de casa y cómo hicieron el viaje hasta Hamadia.

“No puedo creer que haya tenido que empacar todas mis pertenencias y viajar hasta aquí, a un lugar seguro.


La hermana del jeque,”La seguridad en nuestra aldea es muy mala ahora, hay saqueos y asesinatos, y las mujeres ya no pueden llevar a cabo sus tareas diarias sin temor a ser atacadas.” Foto: Annie Bungerouth/ACT-Caritas

Ya no podíamos quedarnos más. Cargamos el vehículo durante la noche y a primera hora del día, cuando las milicias rezaban sus oraciones, partimos rápidamente”.

La ONU reporta que en la primera mitad de 2013 hubo un incremento repentino en el número de personas que huyó de la violencia y se refugió en los campamentos permanentes de Darfur. Esta cifra fue superior a la del total de personas que huyeron los dos años anteriores.

La contraparte de Caritas, Ayuda de la Iglesia Noruega (NCA), está preocupada por el flujo constante de nuevos refugiados que también están llegando este año – a pie, en burro y en vehículos alquilados. Dicen que este incremento repentino en las cifras ha puesto una fuerte presión en los limitados fondos y recursos.

La familia del jeque tendrá que acampar y unirse a las 300 o más personas que han tenido que construir albergues improvisados con lo que pueden: trozos de plástico, mantas, lonas alquitranadas que puedan encontrar, sostenidas por palos.

El campamento no tiene salubridad, clínicas, ni acceso a agua; pero NCA cuenta con un equipo de línea de frete llamado Unidad de Preparación para la Respuesta de Emergencia (EPRU, por sus siglas en inglés) el cual registra a los recién llegados, revisa sus circunstancias generales y el número de niños y adultos en cada familia. Cada familia recibe artículos de primera necesidad como bidones, jabón, láminas de plástico y mosquiteros.

El campamento no tiene salubridad, clínicas, ni acceso a agua; pero NCA cuenta con un equipo de línea de frete llamado Unidad de Preparación para la Respuesta de Emergencia (EPRU, por sus siglas en inglés) el cual registra a los recién llegados, revisa sus circunstancias generales. Foto Annie Bungerouth/ACT-Caritas

El EPRU le ha dado prioridad a la construcción de un bloque de letrinas, ya que los recién llegados han erigido sus viviendas improvisadas de forma muy hacinada. Nadie se quiere apartar, ya que la gente cree que entre más sean más seguros van a estar si se amontonan. Sin embargo, esta forma de vida significa que las enfermedades, como la diarrea, se pueden expandir muy rápidamente y poner en peligro la vida de personas vulnerables como niños menores de cinco años y ancianos.

Remolinos de viento llenan el aire con el olor a polvo y el sabor a arenilla. Los habitantes del campamento hacen lo posible por evitar que sus enclenques albergues sean desmantelados. Conforme la Haboud – tormenta de arena – cobra fuerza, se nos recuerda qué tan inhóspito es este paisaje plano, arenoso y árido, y las difíciles opciones y travesías que la gente ha tenido que emprender para llegar a un lugar seguro.

“Dios nos ha permitido llegar a salvo hasta ti, hermano”, dice la hermana del jeque.

“Debemos empezar nuestra vida aquí. Sólo la paz nos permitirá volver a casa”.

Usted puede apoyar nuestro trabajo haciendo donaciones a nuestro fondo de respuesta emergencias, y rezando por la paz.

Usted puede apoyar nuestro trabajo haciendo donaciones a nuestro fondo de respuesta emergencias, y rezando por la paz.

*El nombre ha sido cambiado a solicitud de la persona.