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“No podemos permanecer indiferentes viendo el sufrimiento de los refugiados y los migrantes forzados”, declara un destacado obispo latinoamericano, voz de la justicia social, Mons. Álvaro Ramazzini. En vísperas de su presentación, el 15 de junio, durante el 35º periodo de sesiones del Consejo de Derechos Humanos en Ginebra, el obispo se ha pronunciado firmemente sobre la crisis de refugiados y migrantes forzados que se está produciendo en Centroamérica.

Latest figures show there are 1.35 million Salvadorans, 928,000 Guatemalans and 600,000 Hondurans living in the US, over half of them undocumented (International Organisation for Migration). These figures do not include those arrested at the border, those deported – and the many thousands who die or are killed en route. Ryan Worms/Caritas

Las últimas cifras indican que hay 1,35 millones de salvadoreños, 928 000 guatemaltecos y 600 000 hondureños viviendo en EE. UU., más de la mitad de ellos indocumentados (Organización Internacional para las Migraciones). Estas cifras no incluyen a los arrestados en la frontera, a los deportados ni a los muchos miles de migrantes que mueren o son asesinados en el camino. Ryan Worms/Caritas.

“Las personas deben tener derecho a emigrar cuando sus vidas estén en juego, cuando su propio país no les conceda el derecho básico de vivir una vida digna, acorde con su valor intrínseco como persona humana”, afirma Mons. Ramazzini.

“Un ser humano vale más que el dinero o que las políticas internacionales de países a los que lo único que les interesa es proteger su propio bienestar”.

“Me siento indignado cuando pienso que la pobreza de tanta gente de Guatemala es el resultado de un sistema económico injusto. Hay que reformarlo”.

La diócesis en primera línea contra la tratas

El obispo trabaja en la primera línea de la crisis del Triángulo Norte de Centroamérica, ya que su diócesis de Huehuetenango se sitúa en la frontera entre Guatemala y México. Trabaja con personas que diariamente llegan desesperadas para intentar emprender el largo y peligroso viaje hacia el norte.

“Huehuetenango es sobre todo un corredor migratorio para los que intentan llegar a Norteamérica”, explica. “La mayoría están en manos de coyotes (contrabandistas de personas). Esto facilita las enormes oportunidades para la trata y para que los traficantes de drogas recluten a los migrantes. También se dan muchos casos en que las personas se van por las amenazas de extorsión de las maras o las bandas callejeras”.

El triángulo norte de Centroamérica – Honduras, Guatemala y El Salvador – está pasando por una grave crisis de seguridad y de desplazamientos forzados a causa de los niveles de violencia extrema, todo esto sumado a una profunda pobreza. El ACNUR calcula que, el año, pasaron por el corredor migratorio centroamericano 500 000 personas que iban de camino a México, Estados Unidos y Canadá. Se trata de una de las regiones más peligrosas de la Tierra, después de las zonas en las que hay guerras declaradas.

Situación crítica para los niños migrantes

Es de especial preocupación la situación de los miles de niños y adolescentes que viajan solos haciendo esta ruta. Frente a la violencia sexual, las desapariciones, los reclutamientos forzados en bandas callejeras y el tráfico de niñas y mujeres, para muchos la única opción es unirse al extenuante éxodo de aquellos que emprenden un viaje hacia el norte. El obispo habla de los innumerables adolescentes que, cuando eran niños, vieron cómo su padre o su madre, o ambos, se iban a Estados Unidos. Ahora quieren llegar hasta allí para intentar reunirse con ellos.

“Las familias de aquí se han separado y, aunque muchos reciben dinero a través de giros enviados desde Estados Unidos, el impacto en la vida de los niños y los adolescentes es extremadamente negativo, ya que muchos se quedan solos y son muy vulnerables a las malas influencias.

“La situación es profundamente grave debido a la enorme cantidad de menores, la incertidumbre de si serán o no deportados, los traumas y los peligros sufridos durante el viaje, especialmente las niñas, y, por último, por la pérdida de todas aquellas personas que podrían haber sido nuestros ciudadanos del futuro”, recalca Mons. Ramazzini.

Tanto en calidad de obispo sobre el terreno como en calidad de presidente de la organización de la Conferencia Episcopal de Guatemala para el cuidado pastoral de los migrantes, Pastoral de la Movilidad Humana, Mons. Ramazzini reclamará la protección y el respeto de los derechos humanos de los refugiados y los migrantes en un evento paralelo patrocinado por Caritas Internationalis que tendrá lugar durante el periodo de sesiones del Consejo de Derechos Humanos.

“Su emigración tiene que ser planeada, regulada y segura. Asimismo, la gente debería tener el derecho a NO emigrar y a que se le ofrezcan las condiciones necesarias para vivir una vida digna, pacífica y segura en sus propios hogares”.

La Iglesia en solidaridad con los refugiados y los emigrantes forzosos

En respuesta a la crisis, el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), celebrado en marzo, estableció  una red para coordinar los esfuerzos de las muchas organizaciones religiosas que trabajan con migrantes en todo el continente. La red CLAMOR, de la que son miembros Caritas y la diócesis de Huehuetenango, pretende proteger los derechos de los migrantes, los refugiados, los desplazados y las víctimas del tráfico de personas.

“Se trata de un asunto crucial”, dice el Director del Secretariado de Caritas para América Latina y el Caribe, P. Francisco Hernández. “Es una de las peores calamidades que están ocurriendo en nuestro mundo y, puesto que es en nuestro propio territorio, estamos incluso más profundamente comprometidos para mostrar solidaridad como Iglesia… para ayudar a las personas que están atrapadas en esta terrible situación”.

Las últimas cifras indican que hay 1,35 millones de salvadoreños, 928 000 guatemaltecos y 600 000 hondureños viviendo en EE. UU., más de la mitad de ellos indocumentados (Organización Internacional para las Migraciones). Estas cifras no incluyen a los arrestados en la frontera, a los deportados ni a los muchos miles de migrantes que mueren o son asesinados en el camino.

Mons. Ramazzini habla de sus propios sentimientos con respecto a la crítica situación de las personas de su diócesis y de todos aquellos que migran pasando a través de ella: “Siento esperanza cuando veo cómo las personas siguen luchando por su supervivencia, pero también siento tristeza cuando veo la profunda pobreza y la inseguridad de su situación. Necesitamos de la solidaridad mundial si queremos sociedades que sean plenamente humanas. La auténtica felicidad consiste en darnos a los demás, especialmente a los más pobres y excluidos”.