
El Cardenal Rodríguez
fue reelegido como
Presidente de C.I.
Credits: Elodie Perriot/Caritas
Por S. Em.ª Óscar Andrés Cardenal Rodríguez Maradiaga, S.D.B., Presidente de Caritas Internationalis
En 2011, Caritas Internationalis conmemoró el
60ª aniversario de la fundación de la
Confederación. Nuestros fundadores fueron
13organizaciones benéficas católicas, que se
congregaron en 1951 con el objeto de
coordinar de mejor forma la labor humanitaria
de la Iglesia. Desde entonces, la Confederación
Caritas ha crecido hasta contar con 164
miembros, que conforman las ramas de ayuda
humanitaria y desarrollo social de las
conferencias episcopales nacionales de todo el
mundo.
Hoy en día, los miembros de Caritas ayudan
a millones de pobres a mejorar sus vidas,
mediante programas locales e internacionales,
que abarcan la reducción de riesgos en las
catástrofes, la respuesta humanitaria y la
reconstrucción, la construcción de paz y la
reconciliación, la mitigación del cambio
climático y la seguridad alimentaria, las
atención médica primaria y la educación.
En todo nuestro trabajo, no podemos
olvidar cuál es nuestro propósito. Nuestro
modelo es el Buen Samaritano. Con su “corazón
que ve”, él salvó una vida y se convirtió en el
paradigma de nuestras prioridades.
Nada puede ser más importante que
nuestro deber de ayudar al necesitado. Nuestra
misión es servir y estimular a los pobres, y entre
ellos a los más pobres, incitándolos a ser
actores de su propio desarrollo. Esta es nuestra
razón de ser y es por ello que estamos al centro
de la misión, de la
diaconíade la Iglesia.
Para muchos de los necesitados, Caritases
el rostro amoroso de Cristo, que les da alivio y
confort, respeto y reconocimiento. Como
Caritas, estamos llamados a ser testigos de Su
amor, y lo hacemos con entusiasmo. Sabemos
que Dios es amor, sabemos y creemos que Él
nos ha creado a todos y cada uno a Su imagen
y semejanza.
Para nuestra Confederación, Una familia
humana, pobreza cero es más que un simple
lema. Es la síntesis de nuestra voluntad para
luchar contra la injusticia y la pobreza. Es una
expresión sencilla de la forma en la que vemos
y entendemos el mundo.
Sí, somos una familia. No debemos permitir
divisiones creando segundo, tercer y cuarto
mundo entre nosotros.
Cero es un punto de partida. Tanto los
números positivos como los negativos
empiezan desde cero. El cero puede
considerarse una “condición de posibilidad”
para todos los números. Es una analogía para la
igualdad. No podemos negociar un 2o un 20
por ciento de los pobres. No nos podemos
permitir perder a una sola persona de nuestra
familia humana, sin perder nuestro propio
destino. Perderíamos a un hermano o a una
hermana.
La sencillez es una opción para vivir como
una familia humana. La pobreza es
deshumanizante y no tiene cabida en nuestro
mundo. Cuando la pobreza no es una opción,
sino una imposición de estructuras y
decisiones injustas, afecta a la dignidad de
nuestros hermanos y hermanas, que por
propio derecho son imágenes de Dios.