Maria has set up a restaurant with other families in Colombia with help from Caritas.

Credits: CAFOD

María* y su hija de ocho años llevan décadas atrapadas en el interminable conflicto que ha devastado Colombia, durantemás de cuarenta años. Esta guerra ha dejado numerososmuertos y mutilados. Millones de personas se han visto obligadas a abandonar sus casas, pormiedo o, en el caso de Maria, simplemente porque su casa ya no existe.

“Yo, junto con mi hija, tuve que abandonar mi casa, que estaba en el campo, porque unas milicias ilegales me la quemaron”dice, María, que tiene 44 años. Ahora vive en una pequeña choza, construida con madera y plástico, en el tugurio de Huila, en el suroeste de Colombia. “Sólo tiene una habitación y no hay cuarto de baño, ni agua corriente”, dice María, que es madre soltera.

La mitad de los desplazados colombianos son mujeres, según el Centro de Monitoreo del Desplazamiento Interno (IDMC). El 47 por ciento de los hogares de desplazados tiene a una mujer como cabeza de familia.

María solía ganarse la vida vendiendo empanadas. Tras unas sesiones de capacitación, organizadas por Caritas, ella junto a otras familias abrieron un restaurante. Además del restaurante de María, se han establecido unos 25 negocios, incluyendo una cooperativa para el cultivo del café, actividades de fabricación de zapatos y ropa, negocios de cría de pollos, un salón de belleza y una chatarrería. El programa facilita también orientación psicológica y asesoramiento legal. El objetivo es que estas empresas, que se basan en la experiencia y pericia de la gente, les permitan obtener un buen ingreso y faciliten la autosuficiencia.

“Espero de verdad que nuestro negocio salga bien. En esta zona hay muchos problemas para los jóvenes, como la droga, por eso quiero que este negocio me brinde la oportunidad de ofrecerle una vida mejor a mi hija y encontrar una casa nueva”, dice María.