Sor Sherly Joseph con unos niños, hijos de migrantes indigentes, a los que ayuda Caritas.

Credits: Michele Bombassei/IOM 2008 – MLY0003

Vivian*, con 24 años, dejó Nigeria buscando una vidamejor en Europa. Casi dos añosmás tarde está de vuelta en su país y sólo pudo llegar hasta Libia.

Aunque Vivian es licenciada en Biología y Ciencias Integradas, no pudo conseguir un trabajo en Nigeria. Un viaje a través del desierto, por mar y tierra, hacia un país en el que no conocía a nadie, le parecía entonces la única posibilidad de esperanza.

Llegar hasta Libia fue mucho más duro de lo que ella pensaba. Vivian le pagó a un traficante para cruzar el desierto. Cuando llegaron a Duruku, en Níger, él ya quería más dinero. “Mi familia no podía permitirse enviarme más dinero, por eso le pedí ayuda a un compañero de viaje”, nos cuenta. El hombre que pagó al traficante U$400 (€290) era más que otro viajero. Era el padre del hijo que Vivian estaba gestando. Vivian quedó embarazada poco después de comenzar su viaje. Cada día tenía que hacerle frente al problema de no tener comida, ni agua suficiente.

Sin embargo, cumplir su sueño de llegar a Europa, motivó Vivian a continuar su difícil travesía. No se dio por vencida, incluso después de haber sido arrestada y apresada durante dos meses en el desierto. Aún con varios meses de embarazo, viajó 800 km. en la parte posterior de una camioneta cubierta con una lona.

Ella tuvo que depender de extraños que la ayudaron en su viaje, una vez que salió del campamento del desierto. El conductor de la camioneta intentó buscarle alojamiento en Trípoli con otro nigeriano, pero aquel compatriota no quiso ayudarla.

Se vio sola y agotada, vagabundeando por las calles de la capital. Pero Vivian tuvo la suerte de encontrar a una mujer que la llevó a la Tripoli Christian Fellowship. Allí recibió alojamiento y, cuando llegó el momento del parto, la ayudaron a pagar los gastos del hospital.

La mujer que ayudó a Vivian perdió luego su trabajo y no pudo ayudarla más. Por un amigo, ella se puso en contacto con Caritas Trípoli. Allí la ayudaron con el alquiler, la comida, la ropa y demás cosas para el bebé. Tras muchas dificultades, Vivian decidió que lo mejor que podía hacer era retornar a Nigeria. “No puedo seguir adelante con tanto sufrimiento. Ahora soy feliz ante la idea de volver a casa. Seguiré estudiando y espero encontrar un trabajo, con el que ganar un buen sueldo y un poco de dignidad”, concluye Vivian.

Caritas ayudó a Vivian a contactar con la Organización Internacional para las Migraciones, con el fin de organizar su retorno. Sor Sherly Joseph, que trabaja en Caritas Trípoli, dice que ellos también trabajan con las inmigrantes, ayudándolas a comprender las dificultades de la vida en el extranjero: “Muchas de estas jóvenes buscan una vida mejor y una forma fácil de ganar dinero. Muchas no saben ni siquiera lo que es un pasaporte”, dice Sor Sherly.