Una mujer eritrea está en la cola de un campamento de Francia. Como Amina, ella dejó África buscando nuevas oportunidades.

Credits: S. Le Clézio/Secours Catholique

“Mi país esmuy bonito. Lo tiene todo, menos el trabajo”, dice Amina*.

Salir del país le pareció lamejor opción a Amina, cuando su escuela de corte y confección quebró. En 2001 ella se fue a Francia, donde ya vivían y trabajaban su hermano y dos hermanas. Su padre, que vivía en el Norte de África con sumadre y otros dos hermanos, también había estudiado en Francia.

Sin embargo, Amina se dio cuenta enseguida de las dificultades legales para conseguir los documentos en Francia y poder vivir allí. Entonces, se fue a Italia, donde vivía otro hermano suyo. Su llegada coincidió con la entrada en vigor de una nueva ley, por la que los inmigrantes no comunitarios sólo podían entrar en el país teniendo un contrato de trabajo ya firmado o familiares en el país. Asímismo, los empleadores de los inmigrantes sin documentos tenían la oportunidad de solicitar a la vez el permiso para que estos pudieran trabajar en Italia.

El hermano de Amina conocía a una familia que necesitaba una empleada doméstica. “La familiame recibió como si fuera una hija.Me hicieron un contrato fijo y me dieron de alta en la seguridad social, solicitando luego un permiso de residencia para que yo pudiera vivir en Italia”, dice ella. Siguió trabajando para la familia cuando tuvo a sus hijos, un niño y una niña, que ahora tienen cuatro y dos años. Ella trabajó primero con lamadre y luego con la hija de la familia, hasta julio de 2009, cuandomurió elmarido de la señora.

Amina hizo entonces un curso de capacitación gratuito de 160 horas, para ser asistente familiar. Ahora trabaja para una familia, desde las nueve de lamañana hasta las dos de la tarde, de lunes a sábado. También hizo un curso de capacitación de 120 horas para cuidar de enfermos de Alzheimer. Caritas la ayudó a encontrar un trabajo como voluntaria, asistiendo a una persona con esta patología durante 10meses, con el fin de completar los requisitos de prácticas del curso. Ahora cuida de ese enfermo cuatro horas, dos veces a la semana. Caritas la ayuda dándole ropa usada para los niños, a través del proyecto "Salvar a lasmadres", y dándole vales para comida, que ella utiliza en el supermercado Caritas de alimentos de primera necesidad.

“Tengo suerte. Yo también he buscado muchas cosas pormi cuenta, pero ayuda mucho también conocer a buenas personas, como las que hay en Caritas”, dice Amina, añadiendo que la integración es difícil: “Siempreme siento extranjera aquí, pero llevo cinco años sin ir a casa”, concluye.

Amina dice que si hay que hacer un cambio en la ley italiana debería ser para que los niños que nazcan en Italia de padres inmigrantes tengan la nacionalidad italiana.

“Es difícil porquemis hijos nacieron aquí, pero no tienen la nacionalidad italiana, mientras no han estado nunca en Norte de África y no saben el árabe”, indica ella.

Amina se da cuenta de que todo lo que construya será precario, con la ley actualmente en vigor, aunque ella tenga un permiso de residencia hasta el 2013.

Su futuro se ha vuelto ahoramás incierto, desde que la familia para la que ha trabajado durante tantos años le ha dicho que ya no la puede emplear. Y ella comenta: “tengo un contrato fijo, pero no significa nada ¡porque se pueden deshacer demi como si fuera un trapo viejo!”