Cardinal Rodríguez visits the Sanctuary of Fatima, Portugal.

Credits: Caritas

Su Eminencia Óscar Andrés Cardenal Rodríguez Maradiaga, S.D.B., Presidente de Caritas Internationalis

En un mundo profundamente dividido en ricos y pobres, norte y sur, nosotros y ellos, necesitamos identificar con urgencia valores comunes y una ética global que nos unan como comunidad humana.

La grave crisis mundial de que fuimos testigos en 2009 es tan sólo un ejemplo de lo que puede suceder cuando no existe una ética: la “mano invisible”del capitalismo, que supuestamente orienta el mercado, se convierte en una mano deshonesta, llena de codicia.

La crisis ofrece una oportunidad única para remodelar la globalización para el beneficio de la mayoría. Necesitamos un mejor liderazgo mundial para asegurar que la gente cumpla con su responsabilidad moral de ayudar a los pobres en esta crisis económica.

La solidaridad es un valor que es especialmente necesario ahora que estamos tratando de superar los efectos de esta crisis. La globalización debería ser más que comercio internacional. Debería incluir el entendimiento de que todos tenemos responsabilidad para con todos. La globalización que resulta en exclusión es un mal para la sociedad.

El énfasis en la justicia y el bien común que se expresa en la encíclica Caritas in Veritate del Papa Benedicto XVI, publicada en julio, ofrece una nueva visión de la economía, la política y la sociedad basada en un deber compartido de velar por la humanidad y por el medio ambiente. La encíclica propone una guía básica y clara para el verdadero desarrollo.

La economía y el comercio pueden beneficiar a toda la humanidad, no sólo a los accionistas. La creación de un modelo económico equitativo, basado en la responsabilidad colectiva, es clave para cerrar la brecha entre los ricos y los pobres. Para poder proteger los recursos y el medio ambiente es necesario que las personas en los países ricos estén dispuestas a moderar sus estilos de vida y su consumo irresponsable.

El mensaje de Caritas in Veritate para los trabajadores humanitarios y los trabajadores del desarrollo en todo el mundo es que en nuestro amor por la humanidad debemos esforzarnos por lograr la justicia y el bien común. La encíclica afirma que la verdadera caridad analiza las causas de la pobreza y los medios para superarla.