El año 2008 no comenzó bien para Mary, sus tres
hijas y seis nietos. La violencia postelectoral en Kenia
degeneró en un conflicto étnico que hizo que muchas
familias abandonaran sus hogares.
“No quiero ni siquiera evocar el recuerdo de ese
día. Corrían en todas las direcciones, incendiando
cultivos y casas”, refirió Mary.
Su familia fue acogida en un hogar de gente
común y corriente, que resistió a las fuerzas de la
división. Caritas ayudó a Mary y sus anfitriones,
Peter y Margaret Wambui, ofreciéndoles raciones
de alimentos y ropa y, además, trabajó en campamentos
suministrando alimentos, ayuda médica y
orientación psicológica.
El deterioro de Zimbabue alcanzó un punto inquietante.
Unas sangrientas elecciones dejaron el país sin
una verdadera dirigencia. Caritas informó que nueve
de cada diez personas necesitaban alimentos.
Una fuerte epidemia de cólera hacía pensar en un
colapso de los servicios esenciales, como la atención
médica, las escuelas, el abastecimiento de agua y el
suministro eléctrico. Caritas distribuyó pastillas de
cloro para detener la epidemia, reparó los puntos de
agua y ofreció capacitación a las personas para evitar
el contagio.
De los 12 millones de habitantes que componen
la población de Zimbabue, Caritas prestó apoyo a
más de tres millones. Este trabajo se vio seriamente
amenazado cuando se prohibió temporalmente que
lo organismos de ayuda prosiguieran sus operaciones.
Lamentablemente, la prohibición de que los
trabajadores humanitarios prestaran ayuda se repitió
en Darfur, Sri Lanka y Myanmar.
La guerra reapareció en Europa cuando Georgia
y Rusia se enfrentaron a causa de la provincia
secesionista de Osetia del Sur. Un fracaso más, en
afrontar ancentrales tensiones candentes desde
hacía tiempo. Caritas respondió con alimentos,
medicamentos, orientación e incidencia.
“Caritas no hace distinciones de fronteras o
nacionalidades. Prestamos ayuda a las personas
necesitadas”, afirmó el Padre Erny Gillen, Vicepresidente
de CI, durante una visita a Tbilisi.