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Respondiendo a las inundaciones de Tabasco
![]() Cuando Rosario Hernández regresó del mercado local, el 30 de octubre de 2007, su familia ya no estaba en casa, porque habían salido huyendo, cuando se desbordó el río que pasaba cerca de su casa, inundándola. Esa familia forma parte del millón de damnificados por las peores inundaciones, registradas en la historia del estado de Tabasco. La devastadoras inundaciones registradas en Tabasco, entre octubre y noviembre del pasado año, destruyeron hectáreas de cultivos y muchas aves de corral murieron, a causa de infecciones. Por ello, él tenía muy poco para vender en el mercado. En la casa del Sr. Hernández, había agua alta hasta un metro y, por eso, él tuvo que dormir en una cama con zancos. Su familia dejó la casa y fue a dormir en un refugio seguro y seco, por allí cerca, mientras el Sr. Hernández se quedó en la casa para defenderla de los saqueadores. Como Tabasco está construida casi al nivel del mar, no había muchas colinas sobre las que construir refugios y la mayor parte de la ciudad estaba sumergida. Algunas personas se quedaron en sus casas, mientras otras fueron a colegios o casas de otros vecinos que podían alojarles. Más de 1000 personas se fueron a dormir a la catedral, durante y después de las inundaciones. Poco después de que sucedieran las inundaciones, Caritas entró en acción, ayudando a quienes habían perdido sus hogares y pertenencias. “Al principio fue muy difícil, porque no teníamos comida y dependíamos de la generosidad de un vecino. Sin embargo, pocos días después, Caritas empezó a traernos comida caliente. Era importante que la comida ya estuviera preparada, porque las cocinas de las casas estaban inundadas y se habían perdido los utensilios de cocina, por ello, no había modo de cocinar. Una vez empezaron a bajar las aguas y la gente ya estaba o en alojamientos provisionales o había regresado a sus casas, Caritas empezó a distribuir raciones básicas de alimentos: Nos dieron arroz, frijoles, aceite de cocina, azúcar y agua. Eso nos ayudó mucho, porque yo había perdido gran parte de mis cosechas de maíz y plátanos”, nos cuenta el Sr. Hernández . Sin embargo, muchas personas necesitaban algo más que comida, porque el millón de damnificados por la inundaciones habían sufridos diferentes pérdidas. Las viviendas y pertenencias habían sufrido daños y, no obstante la protección del Ejército, las casas fueron saqueadas. Además de perder la cosecha y las aves de corral, el Sr. Hernández perdió también sus aperos para trabajar en los campos. Caritas le facilitó otros nuevos y así pudo reanudar su trabajo, sembrando de nuevo. Casi un año después de las inundaciones, el Sr. Hernández ya pudo cosechar alimentos para su familia y vender todo lo extra en el mercado. La casa del Sr. Hernández en la ribera del río será de nuevo vulnerable este año a las precipitaciones intensas. Él tiene previsto conseguir algunas bolsas de arena, para reforzar su vivienda con bloques de hormigón, porque así estará mejor protegida: “Espero que no haya más inundaciones, pero si la hubiera, espero que podamos superarlas”, afirma el Sr. Hernández .
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