Desde las inundaciones de 2007, la vida ha sido un aprendizaje continuo para Hugo Gutiérrez. El año pasado, era uno de los tres empleados a tiempo parcial que trabajaban en Caritas Tabasco cuando ocurrió la catástrofe.

Padre Saúl contrató a unas cuantas personas más, por lo que Gutiérrez pasó a formar parte de un equipo de siete personas, sin que por ello se pudiera negar la enormidad de la situación para un equipo de esas dimensiones.

“Inicialmente, no teníamos idea de los que estaba pasando. Era nuestra responsabilidad ayudar a las familias más pobres afectadas por las inundaciones”, afirma Gutiérrez. No todos querían ayudar a las personas necesitadas. En el pleno de las inundaciones, se registraron saqueos y las personas tuvieron que abandonar sus hogares.

“Además, la pobreza oculta que por lo general no es tan manifiesta se hizo visible”, afirma Gutiérrez.

Tras las inundaciones, Gutiérrez participó en un curso de capacitación sobre respuesta a emergencias para garantizar que, de producirse nuevas inundaciones, las personas estuvieran mejor protegidas.

“Aprendimos cómo organizarnos y distribuir las tareas, cómo mejorar la asistencia y cómo formular planes de emergencia”, afirma Gutiérrez.

La capacitación abarcó muchos aspectos de la respuesta de emergencia, incluidos los ejercicios de evacuación, la prevención de catástrofes y las normas mínimas del proyecto Esfera, para la respuesta a las catástrofes.

Las directrices internacionales del proyecto Esfera contribuyen a garantizar una gestión rápida y eficaz de las catástrofes. Gutiérrez considera que la capacitación fue una actividad inestimable, pues ayudó al personal de Cáritas Tabasco a identificar los puntos fuertes y débiles y a trazar un mapa de los riesgos, para las catástrofes futuras. La capacitación significa, en última instancia, que las personas están mejor preparadas para hacer frente a lo que la naturaleza les depare.

“Ahora las personas pueden realmente contar con nosotros”, asegura Gutiérrez.