Photo credit: Caritas/Simone Stefanelli

La guerra empezó en Malí a primeros de 2012, cuando los rebeldes comenzaron a avanzar desde el norte, pidiendo la independencia para la región septentrional. Sin embargo, los malienses solo querían paz para su tierra. [Antecedentes sobre Malí]

Mientras ciudades y pueblos iban cayendo en manos de los rebeldes, el terror se extendió por todas partes. Las milicias torturaron, asesinaron y violaron a su paso, marchando hacia el sur. Los que pudieron escaparon hacia la parte meridional del país o cruzaron las fronteras, buscando seguridad.

Tras un año de enfrentamientos, después del golpe de Estado del Ejército, más de 380.000 personas se han visto obligadas a desplazarse. Y solo el mes pasado, Francia, potencia colonizadora de Malí en el pasado, envió sus aviones y soldados al país, con el fin de empujar a los rebeldes hacia el norte.

Malí es uno de los países más pobres del mundo. Cuando empezó la guerra, sus comunidades estaban todavía luchando contra los efectos de una devastadora crisis alimentaria. Caritas lleva tiempo invirtiendo en el desarrollo de Malí, para que sus comunidades puedan tener acceso al agua y mejores técnicas agrícolas, para sembrar productos comestibles. Asimismo promueve la educación y la asistencia médica. Sin embargo, ahora es necesario concentrarse en la emergencia.

La gente abandona sus hogares a causa de los enfrentamientos, como también abandonan los campos, los colegios y la oportunidad de llevar una vida estable. La guerra es enemiga del desarrollo y, aunque las fuerzas rebeldes se estén retirando, empujadas por la coalición franco-africana, y la población pueda retornar ahora a sus comunidades, los enfrentamientos seguirán adelante.

Refugiés Maliens protègent l’environnement au Burkina.