
After a failing harvest due to lack of rains, people in Zimbabwe are in desperate need of short term support for food.
Credits: Cibambo/Caritas
Hasta hace poco, las carretillas en Zimbabue se utilizaban para transportar enormes cantidades de dinero en contante, con el fin de poder comprar alimentos de primera necesidad. La economía del país se había demoronado y la hiperinflación significaba que incluso cuando las personas se había convertido, de un día a otro, en millonarias, sólo podian permitirse comprar una barra de pan.
Luego, cuando la epidemia de cólera azotó el país, las carretillas se utilizaban para llevar a los débiles y moribundos al hospital. Pero mientras la sequía hace grietas en la tierra y los graneros están vacíos, una cosa para la que no han sido utilizadas las carretillas es la agricultura.
“Ha llegado la hambruna. No tenemos nada para comer”, dice Privilege Makerele, representante de un grupo comunitario rural de Zimbabue.
Abril es traditionalmente un mes de cosecha. Sin embargo, este año, ante la carencia de lluvias, la producción alimentaris será por debajo de las necesiades nacionales. “
Acabo de regresar de Zimbabue. Los campos de maíz estaban pelados, sin hojas, y los centros médicos vacíos. Con frecuencia, la población más vulnerable, como los niños, los ancianos, los enfermos y las madres solteras, no pueden cultivar alimentos, ni tienen medios económicos para poder comprarlos. Ante la carencia de alimentos, corren el riesgo de sufrir de desnutición y otras enfermedades”, dice el P. Pierre Cibambo, Responsable de Enlace para África en Caritas Internationalis.
En estos casos, la ayuda de organizaciones como Caritas resulta de vital importancia. Caritas Zimbabue ha lanzado una llamada pidiendo ayuda de emergencia, por valor de 7,6 millones de USD, en enero de este año. Hasta la fecha, sólo se ha recaudado un tercio de esa cifra.
“La gente cree que ahora que hay un Gobierno de unidad nacional y el dólar ha entrado en el país, los problema se han solucionado. Sin embargo, una mezcla devastadora de agitación política, SIDA y cambio climático, ha provado una catástrofe humanitaria”, indica el P. Cibambo. Añadiendo que la comunidad internacional ya no presta atención a Zimbabue y, sin embargo, el país necesita deseperadamente ayuda alimentaria inmediata, así como apoyo a largo plazo, para asegurar que la población cuente con provisiones de alimentos más seguras.
“Zimbabue es el país con el más alto índice de huérfanos en todo el mundo. ¿Qué van a hacer todos esos huérfanos, cuando se termine la comida y el dinero? Es un país en el que la carencia de alimentos nutritivos y una adecuada asistencia médica significan que la mayor parte de la población no vive más de 40 años”, concluye el P. Cibambo.
Mientras se reduce la atención mundial a la petición de ayuda de los zimbabuenses e incluso las precipitaciones no llegan a esta tierra que sufre, ellos solo pueden esperan que un día no lejano sus carretillas se vean de nuevo llenas de comida. ¡Quizás la población de Zimbabue sueñe que los donantes llenen un día sus carretillas, con el dinero necesario para ayudarles a poner fin a sus sufrimientos!