En 2008, presenciamos escenas trágicas en Myanmar, India, Nepal,
el Caribe y Honduras, donde millares de personas murieron como
consecuencia de tormentas. Las actividades de asistencia de Caritas
proporcionaron alimentos, viviendas provisionales, medicamentos y
compasión, tras obtener 77 millones de USD en todo el mundo en el
marco de 40 llamados diferentes pidiendo ayuda.
En mayo, el ciclón Nargis se abatió sobre el delta de Irrawaddy,
en Myanmar (país conocido también como Birmania), causando la
muerte o la desaparición de 134.000 personas.
A las pocas semanas de ocurrida la catástrofe, Caritas, aprovechando
las estructuras existentes de la Iglesia, suministró ayuda a más de
26.000 personas que la necesitaban desesperadamente.
Caritas ha proporcionado productos alimentarios básicos a más
de 100.000 personas, artículos no alimentarios, como mantas y
mosquiteros, a unas 40.000 personas, y artículos para la higiene y
saneamiento a millares de otras familias.
A los pocos días del ciclón, el Arzobispo Charles Bo, de Rangún,
visitó las zonas más afectadas y envió una serie de informes.
Del 3 de mayo: La magnitud de la destrucción ha abrumado a un
país pobre como el nuestro. Millares de personas necesitan con urgencia
ayuda médica. Estamos llegando a las víctimas con todos los medios a
nuestra disposición. A esta hora de la noche, nos sentimos alentados por
la demostración de apoyo de nuestros amigos del extranjero.
Del 20 de mayo: La iglesia es una de las organizaciones que encabeza el
suministro de ayuda. Nuestra red ha llegado a algunas de las aldeas más
remotas, con el primer envío de ayuda.
Del 26 de julio: Las mujeres están demostrando ser las principales
curanderas. Con calma, devuelven la esperanza a los hogares destrozados.
Nuestro pueblo está resultando ser un pueblo de curanderos heridos, que
se dan ánimos unos a otros para comenzar de nuevo.
Del 25 de diciembre: Para el pueblo de Myanmar estas son unas
Navidades especiales. Los miembros de Caritas mostraron una fuerte
presencia, a través de expertos que llegaron al tercer día de la catástrofe,
para colaborar hombro a hombro con la Iglesia de Myanmar en la tarea
hercúlea de hacer el bien.
El sólido apoyo prestado por todos los miembros de Caritas fue la luz que
brilló en la oscuridad de esos días aciagos. El acompañamiento de buenas
personas trajo esperanza, más allá de la respuesta a la catástrofe. El
delta era un valle de muertos. Sin embargo, hoy la vida renace una vez
más en los campos, a lo largo de los canales, en la reconstrucción de las
casas y los colegios.