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“La comida se ha terminado”
![]() Though Caritas will continue to provide highly nutritious daily meals of porridge to more than 88,000 school children across Zimbabwe and rations to woefully underpaid teachers, the money simply is not available for the ration programme which helps vulnerable families like that of Moffat Mpofu. El Sr. Mpofu, de 49 años, descubrió ser positivo en la prueba del VIH en diciembre de 2008. Desde entonces está luchando por su salud. En la empobrecida zona meridional de Zimbabue, tener poca salud significa nada de trabajo y nada de sueldo. Además, si no hay sueldo la famila de Mpofu se tiene que apretar el cinturón. Con seis de su siete hijos todavía viviendo en casa, el Sr. Mpofu dice que no ha sido fácil tirar adelante: “Yo no me he sentido bien, durante algún tiempo, por eso no he podido ahorrar mucho dinero”, dice Mpofu. Cuando está bien, él se gana la vida haciendo techos de paja para las cabañas. Gana entre 200-300 rand, unos 25-37 USD por cabaña. Sin embargo, mantener a la familia, está resultando cada vez más difícil en el país, a causa de la actual crisis económica, que ha hundido a millones de personas en la miseria, obligándolas a emigrar fuera de país, buscando trabajo en otras partes: “Intento gastar todo lo que gano en mantener a mi familia, pero no es suficiente”, dice el Sr. Mpofu. Caritas ha individuado a los miembros más vulnerables de centenares de comunidades de Zimbabue y ha lanzado una intensa campaña, para al distribución de raciones mensuales de alimentos, para más de 164.000 personas. Con el fin de ayudar a las familias más vulnerables, durante algunos meses críticos para la inseguridad alimentaria (en general, los meses precedentes a la cosecha de abril), Caritas ha estado distribuyendo raciones de maíz, azúcar, alubias y aceite a numerosos familias como la de Moffat Mpofu. Para el Sr. Mpofu, que debe tener comida en su estómago antes de tomar los fuertes medicamentos antivirrales, para el tratamiento del VIH, los alimentos distribuidos por Caritas ha provocado un impacto personal muy positivo: “Antes de abril, yo pesaba unos 50 kg. Ahora estoy en 53 kg y me siento mejor”, dice Mpofu durante una visita del personal de Caritas a su casa , a mediados de julio. Una vez recuperadas sus fuerzas y que su hijo mayor está mandando un poco de dinero a la familia, desde la vecina Botswana, Mpofu y su familia están haciendo progresos. El año pasado se las arreglaron para plantar algunas simientes, con la ayuda de unos vecinos generosos. “Conseguimos ayuda de los vecinos, usando sus animales para arar la tierra, porque nosotros no tenemos animales de propiedad”, nos cuenta Mpofu. Sin embargo, como sucede casi siempre entre los pobres de las zonas rurales de Zimbabue, según va avanzado el año, algunas nubes negras amenazan la sobrevivencia. A pesar de la cosecha de guisantes, sorgo y maíz, dice la esposa de Mpofu, no podremos terminar el año con las reservas de alimentos que tenemos ahora. Además de 40 kg. de cacahuetes que la familia consechó en una pequeñá parcela y 20 kg. de carillas. “Todo ello no durará más de tres meses”, dice Sarah. La asistencia que ha estado facilitando Caritas ha sido de vital importancia para la familia y la recuperación de Mpofu de su último ataque, pero la actual reducción de la financiación, significa punto y final a la ayuda para Mpofu y decenas de millares de otros zimbabuenses. Aunque Caritas seguirá distribuyendo cotidinamente comidas, altamente nutritivas a base de gachas, a más de 88.000 escolares, en todo Zimbabue, y a los maestros, que recibe sueldos míseros, ya no quedan fondos para seguir adelante con el programa de ayuda alimentaria para familias como las de Moffat Mpofu. Y Mpofu, sentado en la sombra de su casa, resume en pocas palabras un concepto que muchos de nosotros, en el mundo occidental, no podemos ni siquiera imaginar, mientras es algo muy frecuente entre los empobrecidos aldeanos de las zonas rurales del Zimbabue, hoy en día: “La comida se ha terminado”, dice Mpofu.
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