Ethiopian farmer Eshete Eneyew threshes maize in Abay, north of Addis Ababa, October 21, 2009. More than a million died during the 1984 famine, and the suffering provoked the biggest outpouring of charity the world has ever seen.

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“La gente no sabía de dónde llegaría su próxima comida, ni siquiera si la habría”, dice la Hna. Sor Maura O’Donohue, recordando los tiempos en que trabajaba como cooperante en Etiopía, durante la carestía de 1984.

Veinticinco años después de aquella devastadora carestía en Etiopía, que causó la muerte de un millón de personas, hoy en día, más de seis millones de personas, según fuentes oficiales, pasan hambre y necesitan ayuda alimentaria, porque las cosechas fueron un fracaso.

La Hna. Maura ha visto el impacto de esta grave crisis alimentaria, trabajando en los programas de Caritas para la asistencia médica y ayuda por la carestía. “Los adultos y los niños pasaban hambre. Algunos de ellos sólo podían caminar con la ayuda de un bastón. Otros simplemente estaban tumbados en el suelo, sin fuerzas ni para tomar la comida que se le ponía delante”, nos cuenta la Hna. Maura.

A pesar del hambre crónica  y la desesperación que afrontan amplias franjas de la población etiope, en este periodo,  la Hna. Maura asegura que la gente está reaccionando a la crisis con una dignidad sorprendente. Ella ha visitado a numerosa familias que pasaban hambre, mientras realizaba una evaluación de la situación alimentaria. Un hombre cuya casa ella había visitado por la mañana, fue a buscarla algunas horas más tarde, diciéndole: “Cuando nos visitó usted esta mañana, no teníamos nada que ofrecerle, pero después de irse usted, nuestra gallina puso un huevo. Queremos que este huevo sea para usted y le agradecemos mucho su visita”.

Cuando se puso en evidencia la verdadera gravedad de la crisis, se propagaron por todo el mundo las imágenes de bebés demacrados, que yacían sin vida en los brazos de sus madres. La sequía y la guerra civil en curso, que absorbía todos los recuros del Estado, dejaron a la población en la carestía  y a la búsqueda desesperada de alimentos.

“Centenares de miles de personas se desplazaban, buscando comida. Cuando supieron que había sumistros, algunos vendieron lo poco que tenían y llegaron a  los campamentos de desplazados, con tan poco como una bolsa de plástico, con todas sus pertenencias. Me acuerdo de una mujer que vendió una cruz etíope, que tenía colgada al cuello. Era su último tesoro, pero lo vendió para comprar comida para su familia”, dice la Hna. Maura.

Tras un sondeo en una zona azotada por la carestía, las autoridade le dieron a la Hna.  Maura seis bolsas de 50kg de leche en polvo y le pidieron que comenzara un programa de  ayuda contra la carestía, para 7.500 personas. La religiosa se puso en contacto con CAFOD (un miembro británico de la Confederación Caritas) y le dijeron que la ayudarían.

“CAFOD hizo un trabajo fantástico  y rápido. Envíaron fondos para comida y medicamentos y mandaron un Land Rover, por avión, para ayudarla con las distribuciones”, nos cuenta la Hermana.

Etiopía ha sufrido otras crisis alimentarias desde 1984. Países como Etiopía son vulnerables a las frecuentes  carestías y este hecho plantea una pregunta ¿por qué estos países no están mejor preparados?,  y ¿por qué todavía tanta gente resulta drásticamente afectada por la carestía?

Algunas de las razones son: el cambio climático, la degradación de la terra, el fracaso de los gobiernos por no actuar con la suficiente rapidez y no invertir en técnicas agrícolas que pueden ayudar a resistir a la sequía. La Hna. Maura señala que un factor determinante es  económico: “Necesitamos acuerdos comerciales más justos entre los países ricos y los países pobres,  si queremos que países como Etiopía puedan llegar un día a ser autosuficientes