78 year old James Wani fled to Wowo village in February when the LRA attacked his home village of Manikakara, 10 miles from the border with DRC. With no family to support him, James urgently needs assistance to clear some land and plant crops to feed himself.

Credits: Daniel Howden/ Caritas

Venasio Severio y sus dos hijos pequeños tuvieron suerte porque pudieron escapar de los ataques armados en su aldea, en enero de este año. Los milicianos se llevaron a su esposa a las montañas con ellos, mientras Venasio y el resto de la familia escapó a otra localidad, denominada Manikakara Payam. Venasio se dedica ahora a fabricar carbón, en lugar de trabajar en el campo. Su hijo de cuatro años cuida de su hermano pequeño, en lugar de ir al colegio para que su padre pueda ir a trabajar.

Muchas personas han abandonado sus hogares, en Equatoria occidental, desde la llegada de los milicianos del Ejército de Resistencia del Señor (LRA). Precedentemente, el LRA tenía su base operativa en el norte de Uganda, donde lucharon durante 20 años contra el Ejército local, en una campaña caracterizada por no respetar los derechos humanos, con secuestros, torturas, asesinatos y violaciones. El LRA se desplazó a la espesa selva ecuatorial, que envuelve los confines entre Sudán, la República Democrática del Congo y la República Centroafricana.

“La gente está abandonando las áreas rurales, por las urbanas, en busca de mayor protección”, dice Mons.Edward Kussala, Obispo de Tombura-Yambio. “Los refugiados del Congo han escapado también en su diócesis, huyendo de las matanzas. Los colegios religiosos han tenido que aumentar el número de alumnos por aula, pasando de 45 a 300 escolares. La Iglesia facilita servicios sociales, de salud y educación, y ahora también ofrece asistencia a los que escapan de la violencia”.

Lean una entrevista al Obispo Kussala

Muchas personas han venido a Manikakara Payam. Sin embargo, sin pozos de perforación, ni bombas de agua, ni otros recursos de agua limpia, las mujeres tardan hasta dos horas diarias para ir a por agua a las aldeas vecinas. Como tienen que caminar llevando grandes garrafas, cada mujer consigue acarrear hasta 20 litros al día – suficiente sólo para un miembro de la propia familia. En Madebe, el granero está casi vacío, porque la gente tiene miedo de ir a cultivar los camposa o recoger la cosecha. El problema prioritario es el hambre.

Caritas ya ha empezado la distribución de ayuda alimentaria en Equatoria occidental, a través de asociaciones que colaboran con la Iglesia. Según fuentes de Caritas, unas 52.000 personas, en cinco comarcas, no tienen suficientes refugios, ni comida, ni agua limpia y el paludismo es endemic, en muchas aldeas.

El índice de hambre es extremadametne alto. Caritas distribuirá ayuda alimentaria a unas 25.000 personas, en Ezo, Tombura y Nagero, que no son accesibles para otras organizaciones. Caritas distribuirá también ropa, lonas impermeable para refugios y agua limpia.

Mientras, la distribución de simientes de calabaza y latas de quingombó puede ayudar a responder a la necesidades básicas alimentarias de la población. Esto puede reducir la distribución de alimentos y ayudar a gente como Venasio Severio, a vivir una vida más digna.

Hoy en día, Equatoria occidental necesita ayuda alimentaria para su supervivencia, sin embargo, el futuro de la población depende de una paz duradera. El Obispo Edward Kussala dirigió a unas 20.000 personas, caminando descalzas más de dos millas, el pasado mes de septiembre, en una manifestación silenciosa de protesta por el derramamiento de sangre.

Caritas ayudó como agente de paz en 2006, como mediadora entre el LRA y el gobierno ugandés. Para Caritas, el factor clave para la paz sería el dialogo con los líderes del LRA y un compromiso activo de la ONU.