El 29 de septiembre de 2009, la tormenta tropical Ketsana dejó un reguero de destrucción a su paso por Filipinas, Vietnam y Camboya. Más de 100 personas murieron en Filipinas, donde la destrucción fue mayor. Unas 600.000 quedaron sin techo y el número de necesitados se elevó a 1.800.000 personas.
En sólo 12 horas, se registraron precipitaciones equivalentes a las que se producen en todo un mes, inundando el 80 por ciento de la capital Manila y afectando a un total de 27 provincias. Algunas regiones sufrieron las peores inundaciones de los últimos 50 años. Una semana después del tifón Ketsana, la zona norte de Filipinas fue azotada por un segundo tifón. Gracias a Dios, sus efectos no fueron devastadores como los de Ketsana.
Caritas distribuyó ayuda a los más vulnerables, en Filipinas, Vietnam y Camboya. En Filipinass, Caritas y la Iglesia católica ayudaron a los damnificados con la distribución de comida y refugio, inmediatamente después del tifón. Se facilitaron unos 5.000 paquetes de ayuda (con utensilios de cocina, material de refugio, botiquines, artículos para la higiene personal y comida). Centenares de voluntarios, con frecuencia adolescentes católicos y estudiantes universitarios, ayudaron a empaquetar los artículos. Caritas también ha financiado el suministro de medicamentos, para ayudar a combatir infecciones, y la distribución de prendas de vestir básicas, como ropa interior.
Caritas lanzó luego una llamada para ayudar a 10.000 familias (50.000 personas) en las zonas más afectadas. La operación tuvo lugar en Rizal, Bulacan, Laguna, Pampagna y Cavite. La agencia distribuyó alimentos, medicamentos, material de refugio y otros artículos para todo un mes.