En el mundo de hoy 2,1 millones de niños y niñas menores de 15 años viven con el VIH. Sin embargo, estos niños están quedando olvidados en los esfuerzos globales y nacionales por abordar el VIH y el SIDA.
El VIH es especialmente agresivo en los niños. El virus se multiplica rápidamente, destrozando su sistema inmunológico y facilitando el desarrollo de neumonías, tuberculosis y otras infecciones oportunistas.
Sin el tratamiento y los cuidados adecuados, alrededor de un tercio de los niños que nacen con el VIH morirán antes de cumplir un año, y la mitad morirá antes de cumplir los dos años.
Diagnóstico y prevención en los niños
La prueba de diagnóstico del VIH utilizada habitualmente identifica la presencia de anticuerpos del VIH. Pero los recién nacidos reciben de sus madres anticuerpos para luchar contra las infecciones, por lo que es posible que detectar la presencia de estos anticuerpos sin que exista infección por el virus. Por tanto, la identificación de anticuerpos en los niños no es prueba concluyente de la infección.
Se necesita un diagnóstico de otro tipo. Pero las pruebas virológicas han de ser realizadas por personal cualificado en laboratorios especializados. En los países ricos, los resultados se obtienen a las seis semanas de realizadas las pruebas; en los países pobres la infección por VIH en niños se detecta únicamente cuando aparecen síntomas relacionados con el SIDA, o cuando el niño cumple dos años. En muchos casos, es ya demasiado tarde.
En 2007 hubo cerca de 420.000 nuevas infecciones por VIH en niños, principalmente por transmisión de madres a hijos, a pesar de la existencia de tratamientos preventivos. La transmisión de madres a hijos podría reducirse hasta menos de un 2% mediante una combinación de terapia antirretroviral, partos por cesárea y no dar de mamar al bebé en los casos en que sea necesario. Una mejora en la prevención evitaría la necesidad de diagnósticos costosos.
Medicamentos pediátricos
Se calcula que unos 800.000 niños aproximadamente necesitan urgentemente tratamiento contra el VIH. Los niños deben tomar tres o más medicamentos antirretrovirales distintos; es necesario por tanto desarrollar formulaciones distintas que las utilizadas para adultos.
A menudo los pediatras disponen únicamente de medicamentos en forma líquida. Estos jarabes son difíciles de dosificar y administrar correctamente, especialmente cuando son los abuelos del niño los únicos familiares supervivientes encargados de su cuidado. Son además caros de transportar y difíciles de almacenar si no se dispone de refrigerador. Por la dificultad que entrañan los jarabes, los pediatras a veces se ven obligados a suspender la terapia contra el VIH en los niños.
En 2006, algunos fabricantes de genéricos comenzaron a producir combinaciones de dosis fija para niños infectados por el VIH. Al reunir tres medicamentos distintos en un único comprimido, el tratamiento es más sencillo, más fácil de administrar correctamente para los encargados del cuidado del niño y mejor tolerado por éstos. Pero incluso hoy, apenas si hay combinaciones de dosis fija disponibles para niños, y sólo dos de ellas han sido incluidas por la Organización Mundial de la Salud en su listado de medicamentos pediátricos esenciales.
Una combinación mortífera
En África, cada tres minutos muere una persona infectada por el VIH y la tuberculosis. La tuberculosis es una enfermedad que tiene cura, incluso en personas VIH positivas, pero siguen siendo muchas las personas que mueren cuando contraen la enfermedad. Tanto el diagnóstico como el tratamiento de la tuberculosis para personas que viven con el VIH son tareas complejas. La mortalidad en niños con tuberculosis y VIH es aún mayor. Los medicamentos necesarios para tratar ambas afecciones no están disponibles en formulaciones pediátricas, tanto en forma líquida como en comprimidos.
Una terapia cara para los niños
En los casos en que sí se han desarrollado medicamentos antirretrovirales para niños, además de ser muy caros muchas veces no se registran ni se comercializan en los países en que más se necesitan. Las barreras económicas no son sólo el elevado coste de los medicamentos antirretrovirales para el VIH, sino que abarcan también otros gastos para los usuarios, así como el coste de transporte y de diagnóstico.
Sistemas de salud poco operativos
Otro factor que influye en el acceso de los niños al tratamiento antirretroviral es el pobre funcionamiento de los sistemas de salud en muchos de los países más afectados por la pandemia, entre otros motivos por la falta de personal médico cualificado, principalmente pediatras y personal de enfermería con experiencia en el cuidado de niños. A diferencia de los adultos, los niños que reciben tratamiento antirretroviral necesitan revisiones continuadas y asesoramiento por personal cualificado para obtener el máximo beneficio de ese tratamiento y cumplir correctamente las pautas del mismo.