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Tiempo de preguntas: Arzobispo John Baptist Odama de Gulu, Uganda
![]() Archbishop John Baptist Odama of Gulu talking about his meeting with the LRA leader ¿De qué manera la Iglesia contribuyó a la instauración de la paz en Uganda del Norte? La Iglesia católica contribuyó a través de la Comisión de Justicia y Paz a promover el diálogo como una forma de resolver el conflicto y Caritas prestó ayuda humanitaria en toda la región. La Iglesia también participó en grupos interconfesionales (musulmanes y cristianos) a nivel local y nacional. ¿De qué manera se llevó adelante esta labor? A través de Grupo Interconfesional Acholi (el grupo étnico dominante), hablamos con las personas para afrontar el conflicto de una manera no violenta. Las alentamos a consolidar la paz interna. Organizamos reuniones y grupos de oración, y establecimos clubes de paz para contribuir a resolver las controversias. Llevamos adelante un trabajo de incidencia a favor de la paz a nivel local e internacional. ¿Cuál era su plan? Éramos conscientes de que el conflicto tenía que terminar primero. Promovimos una amnistía y, después, apoyamos las negociaciones de paz. Las personas confiaron en la Iglesia y los grupos interconfesionales. Consideraban que la religión era la voz más importante. Me hice Arzobispo en 1999 y en 2002 puse en marcha la Iniciativa de líderes religiosos Acholi; poco tiempo después, se observaron rápidas mejoras. La situación evolucionó de manera positiva. Quería hablar con Joseph Kony (líder del Ejército de Resistencia del Señor – LRA – y acusado de criminal de guerra), y pasaron cuatro años antes de hacerlo. Cuando lo encontré, me di cuenta de que era un ser humano como yo. ¿Cómo instauraron la confianza entre las partes beligerantes? Mantuvimos estrechas relaciones con las personas y los gobiernos y los rebeldes del LRA. Pasamos a ser un enlace entre los dos. Durante tres años cumplimos este papel. A través de negociaciones y nuestras acciones, instauramos la confianza entre el LRA y el gobierno. Nos adherimos al principio de las negociaciones y la no violencia. ¿Cómo mantuvieron la imparcialidad? Condenamos a ambas partes si eran responsables de abusos de los derechos humanos. Ellas se dieron cuenta de que éramos imparciales. La presión sobre nosotros fue considerable. Solicitamos al Gobierno y al LRA que escribieran sus mensajes para que nadie nos acusara de hablar en representación de una parte o de la otra. Caritas proporcionó alimentos al LRA. Se trató de un hecho controvertido en ese momento. Las Naciones Unidas, los observadores internacionales, el gobierno y el LRA querían que Caritas suministrara alimentos en las zonas de reunión. Algunas personas consideraron que Caritas estaba favoreciendo al grupo rebelde. Pero fuimos completamente transparentes. No hicimos nada por debajo. Diferentes líderes utilizaban la prensa como medio de propaganda. Nosotros considerábamos que nuestro papel era estar con las personas, que no estábamos ahí para competir con los políticos, sino para sostener y defender los derechos de las personas que sufrían. ¿Por qué tuvieron tanto éxito? El papel de Caritas Internationalis en la visita de 2006 fue de vital importancia (Caritas invitó al Arzobispo Odama a pronunciar un discurso ante el Consejo de Seguridad). El pedido de negociaciones de paz en el Consejo de Seguridad y el nombramiento de un enviado especial fueron medidas cruciales. Tener un enlace directo entre Juba y las Naciones Unidas fue importante. También lo fueron las negociaciones de paz y Caritas tuvo una participación destacada en ellas. El primer día, Caritas abrió las negociaciones con una oración. La confianza fue un factor fundamental, así como la fe que las personas tenían en nosotros. También lo fue la confianza que el gobierno y el LRA nos tenían. Fue un trabajo duro, un trabajo constante. No fue fácil. Supuso muchas plegarias. Los obispos de Uganda pidieron una hora de rezo diaria por esta causa. ¿Cómo pudo mantener la fe en la humanidad ante todos los abusos cometidos durante el conflicto? El rezo. Rezaba todos los jueves en casa ante la Eucaristía: Rezaba por esto, por el éxito del proceso de paz y por todas las personas. Recibí un apoyo enorme del Grupo interconfesional. La nuestra era una misión de Dios. Compartíamos la Biblia y el Corán para seguir adelante. ¿Cómo ayudaron a las personas traumatizadas? Alentamos la franqueza entre las víctimas. En cuanto a los niños que todas las noches tenían que desplazarse a las aldeas para escapar a los secuestros y dormir en peligro, los acompañábamos y dormíamos con ellos. Preguntaban ¿Por qué el LRA nos ataca? ¿Por qué el Gobierno de Uganda nos abandona? ¿Por qué la comunidad internacional nos abandona? ¿Por qué Dios permite que sucedan estas cosas? Siempre hablábamos con ellos, les decíamos que el mal y el sufrimiento no son obras de Dios, sino del hombre. Les explicábamos que las personas se negaban a aceptarse entre ellos y que habían decidido matar. ¿Cuándo supo que la paz era una posibilidad? Nov 26 de agosto de 2006. Fue un mes después de las negociaciones de paz. Recibimos noticias del cese de las hostilidades. Después, hubo la reubicación por parte de los rebeldes en las zonas de reunión. Todos festejaron la noticia cuando se les dijo a los del LRA que podían salir del monte y dirigirse al Sudán. Personas que habían luchando entre sí se abrazaron y salieron juntos del monte. Sabíamos que ahora vendría la paz. Era como levantar la roca de una tumba. Como una resurrección. ¿Cuál fue su reacción cuando la Corte Penal Internacional (CPI) ordenó al arresto de la dirigencia del LRA? Me quedé atónito por las acusaciones de la CPI. Aunque apoyamos la idea de la CPI en tanto que institución, no nos agradó la forma en que trató al LRA. La población estaba desesperada por que las negociaciones de paz llegaran a buen fin. Cuando la CPI anunció su fallo, fue como arrojar algo a la rueda de un vehículo en movimiento. Justo las personas que negociaban la paz con el Gobierno fueron acusadas de criminales. ¿Cómo proseguir tras esta situación? Si las negociaciones de paz logran su cometido, se seguirá necesitando dirigentes que apliquen sus acuerdos. Sin ellos, se producirá un vacío de dirección que dará lugar a una lucha por el poder. Solicitamos encarecidamente que se dejara proseguir el proceso. Que se ocupara en primer lugar del problema de poner fin a la guerra. Las acusaciones resultaron siendo un obstáculo. La CPI expuso su credibilidad en un asunto que podía resolverse diferentemente. ¿Qué hubieran podido hacer mejor? El cometido de la Iglesia es predicar la reconciliación. Nuestro mensaje debió haber sido: “Te perdonaremos”, pero era un poco tarde. ¿Qué retos tiene ante sí? El reto mayor consiste en determinar la manera de que personas traumatizadas y oprimidas vuelvan a la normalidad. La infraestructura y los servicios sanitarios y educativos no son de gran ayuda. Las personas confían en que el Plan Nacional de Paz, Recuperación y Desarrollo resuelva la situación en el norte. No se ha hecho mucho. La guerra costó mucho dinero, por qué no utilizar los beneficios de la paz para invertir en desarrollo. No se están resolviendo las injusticias. Si de lo que se trata es de resolver completamente las causas profundas de la falta de derecho de representación, entonces no hemos avanzado. La cuestión a largo plazo debe abordarse. ¿Qué piensa del futuro a largo plazo? El problema del trauma y la adicción es importante. Tenemos centros de orientación psicológica. Hemos venido acompañando a la población. Necesitamos más y más actividades de formación, y de formación de instructores. El LRA ahora lucha en el Sudán, el Congo y la República Centroafricana. ¿Han exportado el problema? En primer lugar, nos decepcionó mucho que la guerra se exportara al Congo, la República Centroafricana y el Sudán. En estas zonas, promovemos una solución pacífica; pedimos a las personas que se unan y trabajen juntos. En Uganda existe la voluntad de cooperar con ellos. ¿Qué ha aprendido? Un sentimiento de humanidad. Cuando alguien falla, le prestamos apoyo y le rogamos que lo intente de nuevo. Siempre existe una segunda oportunidad. Las personas no deben perder la esperanza. Hemos aprendido que la acción realmente no violenta a través del diálogo es la mejor solución. Toma tiempo, es dolorosa, pero a largo plazo es la más económica y la que ofrece los resultados más duraderos. Contribuye más fácilmente a la reconciliación, la justicia y la paz.
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