Hanna's daughters put a finishing touch to the Christmas tree decorations.

Credits: Caritas Jerusalem

“El año pasado el fantasma de la muerte pasó sobre nosotros. Llegó al tiempo de la conmemoración del nacimiento de Jesús. Fueron tiempos muy duros, llenos de temor y terror, muerte y destrucción. Incluso nuestro árbol de Navidad ese año sintió tristeza, porque no teníamos luz para iluminarlo”, nos cuenta  Hanna Mickael, un cristiano que vive en la Franja de Gaza. Para saber más sobre la situación de Gaza un año después del conflicto.

Hoy Hanna y su familia se reúnen alrededor del árbol de Navidad, para darle los últimos retoques a la decoración, y hace una pausa para hablarnos de su casa destruida, lo mismo que el  camión que una vez era  su fuente de ingresos.

Hanna tiene 36 años y vive en el barrio Tal el-Hawa, en el sur de la ciudad de Gaza. Esa zona fue escenario de los ataques más sangrientos de todo el conflicto. Él vivía allí con su esposa y sus cuatro hijos, dos niños y dos niñas, y recuerda muy bien aquellos días.

Era el 28 de diciembre de 2008, cuando Israel llevó a cabo la denominada

Operación Plomo Fundido. Gaza fue escenario de duros combates, que destruyeron  infraestructuras para años venideros. Los continuos bombardeos provocaron numerosos muertos, heridos y  terror entre toda la población.

Más de 1.400 ciudadanos de Gaza resultaron muertos, en los 23 días de guerra, incluyendo a centenares de niños. El trauma de los bombardeos ha causado serios problemas a los niños, como trastornos del sueño, pesadillas, incontinencia urinaria nocturna e hiperactividad.

El equipo del dispensario itinerante de Caritas viajaba en Gaza y sus alrededores, ofreciendo apoyo psicológico, así como asistencia médica durante y después del conflicto. Un dispensario de Caritas fue destruido durante la guerra, por un reactor caza de Israel.

Diana Mickael, la esposa de Hanna, dice: “En aquellos momentos, Jesús era nuestra luz. Mis hijos lloraban en lugar de estar alegres por la Navidad.

Pasamos hambre y vivimos en la pobreza, como nuestro Señor Jesucristo. Rezamos mucho para poder  salvar nuestras vidas. Todo lo que podía pensar entonces era pedir que yo y mi familia pudiéramos seguir viviendo”.

Los primeros días de la guerra intentamos distraer a los niños, cantando con ellos canciones de Navidad, como el “Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra”, luego ellos seguían repitiéndolas continuamente.

A Hanna le gustaría llevar a su familia a visitar Belén el día de Navidad, porque cree que allí nació la verdadera Paz, aunque duda  que pueda hacerlo.  Los ciudadanos de Gaza que quieran desplazarse a Cisjordania deben conseguir el permiso del Gobierno de Israel, algo casi imposible a causa de la restricciones en los desplazamientos. Por eso,  Hanna y su familia simplemente se quedarán en casa, que está decorada para las fiestas y celebrarán la Navidad con luces y felicidad. Sin embargo, Hanna tiene miedo de que pueda suceder de nuevo un ataque como el del año pasado: “No creo que pudiéramos soportarlo de nuevo. Soy feliz ahora viendo a mis hijos reír y celebrar la Navidad, pero nunca olvidaré aquellos días”.