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El Arzobispo Romero escuchó la invocación por la paz ¿Podemos hacerlo nosotros?
![]() La primera vez que encontré a Óscar Romero, en marzo de 1979, nuestros países, Honduras y El Salvador, estaban a la deriva en el mar de la violencia y las dictaduras que dominaban América central en aquella época. Llevaba apenas tres meses de obispo cuando nos encontramos en una conferencia en Santo Domingo. Me conmovió la sencillez, humildad y piedad del Arzobispo Romero. Moriría un año después, por un disparo, mientras celebraba la Comunión. Pero antes había dado voz a los que no la tenían y había denunciado las terribles injusticias y violaciones de los derechos humanos en El Salvador. Veintinueve años después de la muerte del Arzobispo Romero, dedicamos a su memoria el Conjunto de herramientas WEB para instructores en materia de Construcción de paz de Caritas Internationalis. Confiamos en que este trabajo perdure, en esta moderna herramienta del siglo XXI, que se propone profundizar y ampliar la labor de Caritas, en la esfera de la construcción de paz en el mundo. El Arzobispo Romero dijo un vez: La paz no es el producto del terror ni del miedo. La paz no es el silencio de los cementerios. La paz no es el producto de una violencia y una represión que calla. La paz es la aportación generosa, tranquila, de todos para el bien de todos. La paz es dinamismo. La paz es generosidad. Es un derecho y un deber. Quisiera agregar algo a este plegaria: la paz es desarrollo. Aquí, en Caritas Internationalis, creemos que la paz sólo puede lograrse a través de la justicia social y la práctica de las virtudes, que alientan a las personas a vivir unidas. Nunca tendremos paz mientras crezca la pobreza. La globalización sin solidaridad es fatal para los pobres. Hemos globalizado las telecomunicaciones y el comercio… y ahora, ¡hasta la crisis bancaria¡ Y entonces, ¿por qué no podemos globalizar la paz? No es casual que lancemos nuestra herramienta de construcción de paz, en el período previo a la Pascua de Resurrección, que el símbolo de esperanza inquebrantable, porque se basa en la victoria de Jesús sobre el pecado y la muerte. Casualmente, el lanzamiento de nuestra herramientas se llevará a cabo dos días antes del aniversario de la Populorum Progressio, la encíclica del Papa Pablo VI sobre el desarrollo, que sigue siendo tan pertinente hoy como lo fue hace 42 años, en la que se afirma: “Los pueblos hambrientos interpelan hoy, con acento dramático, a los pueblos opulentos. La Iglesia sufre ante esta crisis de angustia, y llama a todos, para que respondan con amor al llamamiento de sus hermanos.” Oscar Romero escuchó este llamamiento y murió mientras respondía a él. No ha sido el único que perdió su vida respondiendo al llamamiento desesperado de la humanidad a la paz. Mi amigo, el Obispo Geraldi, de Guatemala, fue asesinado tras publicar un documento sobre las violaciones de los derechos humanos. Y mi ex alumno, Salvador Ramos, fue asesinado después de ser testigo de torturas y violaciones de los derechos humanos. Hoy, estos hombres han caído en el olvido, pero al recordar al Arzobispo Oscar Romero, mantenemos vivo el recuerdo de estos hombres y de todas las víctimas de guerras e injusticias mientras trabajamos por una paz duradera. El Arzobispo Romero era un hombre humilde. No tenía ningún poder político, sólo moral. Hoy más que nunca hace falta la autoridad moral de la Iglesia para vencer ante la injusticia y los conflictos.
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