
A displaced East Timorese woman mends a pair of trousers inside her tent at Don Bosco Comoro camp, outside Dili.
Credits: REUTERS/Bazuki Muhammad
"Para que la paz sea una realidad, tenemos que ser flexibles y prudentes. Tenemos que reconocer realmente nuestras propias faltas y cambiarnos, a nosotros mismos, en el interés de la paz... Tenemos que desterrar la rabia y la hostilidad, la venganza y otras emociones negativas y transformarnos en humildes instrumentos de paz... La población de Timor Oriental no es intrasigente y está dispuesta a olvidar y superar el rencor. Anhela la paz, en las comunidades y la región. La gente quiere construir puentes, con sus hermanos y hermanas de Indonesia. Quiere encontrar la manera de fomentar la armonía y la tolerancia".
S.E. Mons. Carlos Obispo Ximenes Belo, Premio Nobel de la Paz.
Jess Augustin dice que cuando termina una guerra, mucha gente puede soñar con la paz, pero la realidad demuestra que es un proceso muy largo, que debe ser sostenido con grandes esfuerzos. “Cuando se termina la guerra, la gente esta todavía enfadada, porque pueden haber perdido su casa, un hijo o una hija. Es un reto increíble para todos, nos dice.
El Sr. Augustin trabajó para Caritas Timor Oriental, antes y después de su independencia, en 1999. Se dice que murieron hasta 100.000 personas, en este pequeño país, durante los 24 años de ocupación de Indonesia. Él era consejero de Mons. Belo y estaba con él cuando recibió el Premio Nobel, en 1996, por su esfuerzos por la paz en Timor Oriental. Él ayudó también a crear una cadena de radio, durante la ocupación de Indonesia, y una Comisión de Justicia y Paz.
“Por aquel entonces, la Cruz Roja era la única verdadera fuente de información sobre los asesinatos. Por eso decidimos sobre la necesidad de contar con un organismo de la Iglesia, que pudiera documentar las violaciones de los derechos humanos”.
El Sr. Augustin dice que la cadena de radio desempeñó una función importante, demostrando que la Iglesia estaba allí para la gente. Así mismo, facilitaba información y promovía los valores religiosos, animando a la población a alcanzar la autodeterminación, de forma pacífica.
Una vez que Timor Oriental consiguió su independencia, Caritas empezó a ayudar a la población que había sido forzada a trasladarse al lado indonesio de la isla, para que retornara a casa.
“Facilitamos ayuda de emergencia a los que retornaron y creamos centros de recepción, para ayudar a la gente a prepararse para volver a sus comunidades. Éramos conscientes del conficto, así como de los traumas provocados en las comunidades. Preparamos actividades de construcción de paz, con el fin de ayudar a la gente a abordar el problema”, dice el Sr. Augustin.
Y añade que utilizaban el
Manual de construcción de paz de Caritas Internationalis, y esos ejercicios que, aunque parecen sencillos, son muy eficaces. Por ejemplo, se animaba a los jóvenes a descrubrir su árbol familiar y, como resultado, descubrían sus linajes genéticos en Timor Oriental y Occidental, cuando estaban inextricablemente vinculados. Eso hacía bajar las sospechas de la gente ante los demás. Otras iniciativas animaban a los jóvenes a hacer deporte juntos y crear cancioners, que todavía hoy cantan. Sin embargo, el Sr. Augustin asegura que no se puede obtener la paz, sin promover el desarrollo.
“Se puede hablar de reconciliación, pero cuando los jóvenes no tienen trabajo y ven a otras personas que tienen dinero y automóviles caros, no resulta fácil. La paz sin la justicia no durará”, indica el Sr. Augustin.
La frágil paz en Timor Oriental ya corría el peligro de fragmentarse, cuando se registraron los brotes de violencia, tras una controversia con los militares, en 2006. “La gente tenía prisa por crear un gobierno y la paz no se había arraigado todavía. La agenda era muy pesada. Se necesita tiempo para pasar a la cooperación y, durante 20 años, la población y sus líderes habían hecho sólo resistencia”, recuerda el Sr. Augustin.
Y añade que el actual Gobierno de Timor Oriental quiere mejorar la relaciones con Indonesia. En las elecciones de abril, en Indonesia, tres candidatos eran ex generales, que nunca fueron denunciados a la justicia por sus presuntos crímenes, durante la ocupación.
“La población de Timor Oriental no quiere venganza, a veces, sólo quiere saber la verdad sobre los maridos o hijos que murieron, para poder resolver su tormento”, asegura el Sr. Augustin..
La Iglesia ha estado ejerciendo presiones para abordar el tema de la impunidad de aquellos que cometieron atrocidades en Timor Oriental, nos cuenta el Sr. Augustin. Caritas ha estado aprovechando todas las ocasiones posibles, para infundir los valores de la paz, mientras seguía trabajando en la reconstrucción.
“En Caritas, no vemos a las personas como proyectos, sino como colaboradores en el largo viaje hacia la paz”, concluye el Sr. Augustin.