Aneesa*, de 23 años de edad, llegó al Líbano durante la guerra de
2006 con Israel. Ella dejó su patria, Filipinas, para trabajar como
empleada doméstica con una familia. La guerra le produjo temor a
Aneesa y pronto quiso regresar a su país.

Como no era fácil regresar, Aneesa tuvo que permanecer con la familia que le había sido asignada por la agencia. Muy pronto, sus empleadores comenzaron a maltratarla.

“El hombre me daba bofetadas e incluso me tocaba. Quería saber si era virgen y soltera. Le rogué que no me tocara, pero era muy fuerte y yo estaba asustada”, dijo Aneesa.

Con el pasar del tiempo, la lista de los abusos aumentaba. A Aneesa la patearon, la quemaron y la dejaron desnuda en la intemperie. Sus empleadores la devolvieron a la agencia.

La agencia no la envió de regresó a su país, pero informó al Centro de Migrantes de Caritas Líbano de los abusos. Las autoridades iniciaron una investigación.

Aneesa fue llevada a un hospital con quemaduras graves. Luego, cuando le dieron de alta, Caritas la llevó a un hogar seguro. Además, le ayudó a entablar un proceso contra sus empleadores por maltrato grave y a reclamar el sueldo que le debían.

Caritas le dio a Aneesa alimentos, ropa, asistencia médica,
asesoramiento, ayuda legal y apoyo en general, a fin de que pudiera
recuperarse de los abusos sufridos.