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Un hogar sin miedo
Un día, Gerardo* se enfrentó una decisión muy difícil: O trabajaba para la guerrilla izquierdista de Colombia entregando paquetes o se iba de su pueblo o, si decidía quedarse, acabar muerto.
En consecuencia, Gerardo, junto con su esposa y sus tres hijos, se unió a miles de colombianos que cada año buscan refugio en Ecuador huyendo del prolongado conflicto civil en su país. “Desde el año 2000, cerca de 600 000 colombianos han venido a vivir a Ecuador”, comenta la Hna. Janete Ferreira de Caritas Ecuador; el país es un foco para la migración y el tráfico de personas en América Latina. “El 40 por ciento de estos son personas que han huido de la violencia en Colombia". Aunque a veces pareciera que trasladarse a otro país es la única opción, para los colombianos esta es una decisión muy difícil. María*, otra refugiada colombiana en Ecuador, sabe lo difícil que es.
“Como refugiados, sabíamos que la situación laboral en Ecuador no iba a ser fácil; pero es más difícil vivir bajo el temor de ser asesinado, de pisar una mina o de ser secuestrado en Colombia", dice.
Rosalita*, quien también se fue de Colombia, dice que ella lloró de tristeza al pensar en tener que empezar de cero en otro país, pero tenía que hacerlo porque la vida en Colombia era demasiado difícil para sus hijos.
“Al principio, 16 personas vivíamos en una casa con dos habitaciones", relata. “Yo dormía en el suelo con mis hijos, y me enojaba pensar que aquí ellos no tendrían algunas de las comodidades que tenían en Colombia”.
Mientras tanto, Gerardo tuvo que esperar año y medio para que se le reconociera como refugiado en Ecuador. Durante ese tiempo, él no podía trabajar y si trataba de trabajar a menudo no le pagaban y lo amenazaban con deportarlo. Mientras Gerardo y su familia estaban esperando que se tramitara su solicitud, la policía lo acosaba, no le proporcionaron un lugar para vivir, no podía alquilar una vivienda porque era colombiano y sus hijos no podían asistir a la escuela. Una vez que le concedieron el asilo político, la policía dejó de molestarlo; pero encontrar trabajo, un lugar para vivir y asegurar que sus hijos recibieran educación no fue nada fácil. La Hna. Ferreira dice que debido a la vulnerabilidad de su situación los refugiados se enfrentan a una serie de riesgos como la trata de personas, el abuso, la explotación y el crimen. Caritas les ofrece a los refugiados ayuda material, social, legal y psicológica. Hace incidencia a nivel local y nacional para fomentar y proteger los derechos de los inmigrantes, y para educar acerca de la necesidad de protegerlos. También coordina iniciativas de integración. Gerardo ha superado algunas de las dificultades de su desplazamiento montando un negocio de venta de fruta con otros colombianos para poder ganar algo de dinero. Sin embargo, al igual que muchos refugiados que han dejado atrás su vida en otro país, lo que realmente quisiera es volver a casa. *Los nombres han sido cambiados. |
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