El comunicado sobre el cambio climático del G8 muestra señales de progreso, respecto a precedentes declaraciones, pero es terriblemente lento. Por primera vez, los más ricos del mundo acordaron que sería conveniente que la media de la temperatura mundial no subiera más de 2 grados. Este es el nivel que, según los científicos, no habría que superar, pare evitar consecuencias más peligrosas del cambio climático.

También acordaron que los países ricos tratarían de reducir sus propias emisiones de hasta el 80%, para el 2050, con el fin de alcanzar ese objetivo. Sin embargo, vacilaron crucialmente sobre la línea base del 1990 para estas reducciones, algo esencial si queremos que tengan credibilidad.

Lo más decepcionante fue el completo fracaso del G8 al no facilitar un liderazgo en finanzas, o en el acceso a la tecnología necesaria, que habría que ofrecer, para alcanzar algunos de esos objetivos.

En la actualidad, los países en vías de desarrollo no están dispuestos a sentarse en una mesa de negociaciones de la ONU, porque consideran injusta la pretensión de que ellos carguen con la financiación de su adaptación al cambio climático y orienten sus economías a sistemas más ecológicos.

Es de vital relevancia que el Presidente Obama, siendo también Presidente del Foro de las Grandes Economías (FGE), pueda acelerar hoy los progresos y ya nos queda poco tiempo.

Hoy en día, necesitamos un lenguaje más determinado sobre el límite de los dos grados, recortes más restrictivos y dinero en el mesa. Concretamente, necesitamos que todo los países del FGE acuerden reducir las emisiones de hasta el 80%, para el 2050, sobre la bases de los niveles de 1990 y comprometerse a esas reducciones para el 2020, de lo contrario podríamos superar un cierto límite, que implicaría consecuencias bruscas y peligrosas en el cambio climático.

Ahora, las negociaciones de la ONU están en un punto muerto, a causa de compromisos poco convincentes sobre la reducción de las emisiones, así como sobre la financiación, que es una cuestión de vital importancia.

Los países sostienen que quieren mantener secretas sus posiciones, con el fin de que las respectivas posiciones sigan siendo fuertes al momento de las negociones – pero ese es un juego muy peligroso.

La financiación es necesaria para que los países en vías de desarrollo puedan adaptarse a las repercusiones del cambio climático y se orienten a una economía verde (para evitar que se queden bloqueados en la economía de carbono).

Estos pagos son una especie de indemnización, no son ayuda y, por eso, deben ser adicionales a la ayuda al desarrollo. Es necesario estipular que los fondos sean una ayuda adicional, los países más vulnerables deben ser prioritarios y hay que incluir un evaluación seria de los recursos potenciales para esa financiación.

Hace pocas semanas, Gordon Brown demostró ese liderazgo tan necesario, cuando declaró la posición del Reino Unido sobre la financiación vinculada al cambio climático. Algo que, por su parte, el G8 ignoró ayer. Esperamos que el FGE comprenda hoy que no es posible hacerlo.

Para más información, comentarios y reacciones, pónganse en contacto con la Directora de Políticas de CAFOD, Joanne Green, que representa a Caritas en el G8, llamando al +44 7823 555 642.