Las buenas palabras y pocas medidas del G8 09 de julio de 2009 El comunicado de prensa del G8 sobre la economía mundial, el cambio climático y la ayuda humanitaria, contiene muchas buenas intenciones, pero declaraciones concretas insuficientes.

Caritas ha desglosado el lenguaje de las negociaciones para comprobar la solidez de los anuncios de las naciones ricas.

  • El comunicado final contiene:
  •  85 “compromisos” suscritos, renovados o reiterados
  • 70 declaraciones de “apoyo”
  • 25 compromisos/promesas para “reforzar” procesos o instituciones existentes
  • 21 declaraciones para “continuar” o “continuaremos” apoyando esfuerzos de apoyo, etc.
  • 19 “reiteraciones” de compromisos o promesas precedentes, etc.
  • 7 declaraciones que comienzan con “estamos decididos a”
  • 6 promesas de “acelerar” procesos
  • 4 promesas de “reforzar” esfuerzos o programas
  • 4 declaraciones que empiezan “intensificaremos”
  • 3 declaraciones que dicen que “nuestros esfuerzos” están siendo intensificados, reforzados, consolidados
  • 3 declaraciones que comienzan con “reiteramos”
La representante de Caritas en el G8, Joanne Green, dijo: “El G8 ha reiterado sus promesas de ayuda a los más pobres del mundo, pero no hemos de olvidar que lo que están diciendo en realidad es: “haremos de verdad lo dijimos que haríamos hace cuatro años”. Y, esencialmente, no hay nada que confirme la manera de conseguirlo. El lenguaje utilizado en el comunicado está tan impregnado de entusiasmo, en lugar de medidas concretas, que tenemos que ser escépticos. El marco de responsabilidad ofrece alguna esperanza y lo recibimos como algo positivo. Sin embargo, aunque conseguimos un avance de 2 grados, los objetivos de las emisiones no son lo suficientemente firmes, ni están respaldados por compromisos para financiar las estrategias de los países en vía de desarrollo, para poder afrontar el cambio climático”.

ANÁLISIS DEL COMUNICADO

La ayuda

Sobre la ayuda, el G8 ha reiterado su empeño con las promesas de 2005, sobre duplicar la ayudar a África para el 2010, pero considerando el fracaso de Italia y Francia, que no respetaron previas promesas, somos escépticos y dudamos del significado de ésta. Intentando mejorar la distribución, el Reino Unido ha conseguido un acuerdo marco para el rendimiento de cuentas, que será publicado todos los años, indicando si los países del G8 están respetando sus promesas previas. Esperamos que eso implique que el G8 no vuelva a esquivar sus responsabilidades, ni a romper sus promesas.

El cambio climático

El comunicado sobre el cambio climático muestra señales de progresos, respecto a declaraciones precedentes, pero son terriblemente lentos. Por primera vez, los más ricos del mundo acordaron que sería pertinente que la media de las temperaturas mundiales no subiera más de 2 grados. Este es el nivel que, según los científicos, no debemos superar con el fin de evitar un cambio climático peligroso.

También acordaron que los países ricos deberían intentar reducir sus emisiones de hasta el 80% para el 2050, con el fin de conseguir ese objetivo. Sin embargo, vacilaron crucialmente sobre la línea base del 1990 para estas reducciones, algo esencial si queremos que sean significativas.

Lo más decepcionante fue el completo fracaso del G8 al no facilitar un liderazgo en finanzas, o en el acceso a la tecnología necesaria, que habría que ofrecer, para alcanzar algunos de estos objetivos.

En la actualidad, los países en vías de desarrollo no están dispuestos a sentarse en una mesa de negociaciones de la ONU, porque consideran injusta la pretensión de que ellos carguen con la financiación de su adaptación al cambio climático y orienten sus economías a sistemas más ecológicos.

Es de vital relevancia que el Presidente Obama, siendo también Presidente del Foro de las Grandes Economías, pueda acelerar hoy los progresos y ya nos queda poco tiempo.

La economía y el sector privado

Se dijeron tantas buenas palabras sobre la reforma de la economía: ¿quién no quiere un crecimiento “más fuerte, verde, exhaustivo y sostenible”?

Y se han listado todas las áreas esenciales para conseguirlo: los reglamentos, la anti-corrupción, los impuestos, el comercio, las inversiones, las innovaciones y, de nuevo, se dijeron tantas cosas apropiadas. Sin embargo, no se detalla la manera de poner en práctica estas buenas intenciones. Y hay grandes suposiciones sobre la manera en que pueden ser realizadas. Por ejemplo, es una gran suposición la idea que las inversiones extranjeras aportan transferencia de tecnología, y que eso sea apropiado y asequible. Además, muchas de las herramientas gubernamentales utilizadas para incentivar la transferencia de tecnologías se verán contrarrestadas por acuerdos de libre comercio y otras convenciones internacionales estipuladas, con frecuencia, con estos mismos países del G8.

Es estupendo que el G8 haya acordado principios de sana macroeconomía y marcos reguladores para el sector privado. También recibimos con satisfacción las referencias a la agenda del trabajo decente de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que estipula una serie de normas para el empleo sostenible que protegen los derechos humanos. Sin embargo, ¿ahora habrá un seguimiento de esas normas? No será suficiente confiar en la RSC y en normas voluntarias, para estar seguros de que los negocios sean responsables.

La corrupción

El G8 ha demostrado reconocer que los países desarrollados deben desempeñar un papel en combatir la corrupción y no es algo que tenga lugar en los países en vías de desarrollo. Más específicamente, es positivo que exijan una ratificación de la Convención de Naciones Unidas contra la Corrupción (UNCAC), que principalmente destaca la necesidad de un mecanismo de revisión que sea eficaz, transparente y exhaustivo. También es oportuno el compromiso de denegar puertos seguros a personas corruptas.

Joanne Green es Directora de Políticas en CAFOD, el miembro de Caritas en Inglaterra y Gales.

Para más información & intrevistas del G8: Pascale Palmer ppalmer@cafod.org.uk+44 7823 555 642