Jane Andanje, the Deputy Coordinator of the Caritas Coordination Unit, with some children who have fled the fighting.

Credits: Renee Lambert/CRS

Crece el temor ante los enfrentamientos de carácter racial, que se están registrando en el estado de Jonglei, Sudán del Sur. Nos referimos a los últimos brotes de violencia registrados en la región, que consiguió su independencia en julio de 2010.

Cooperantes de CI y Catholic Relief Services (CRS, es uno de los miembros de CI de EE.UU.) se unieron a un equipo de evaluación de daños en Boma, Sudán del Sur, durante el pasado fin de semana. Más de 2300 personas escaparon de la pequeña localidad (con una población de unos 7000 habitantes) tras la violencia en Jonglei las pasadas semanas.

El equipo comprobó las necesidades de refugio en Boma. La mayoría de la gente ha encontrado sitio para quedarse en las cabañas de la comunidad residente. La administración local ha distribuido kits de la Organización Internacional para las Migraciones, con artículos esenciales de ayuda humanitaria.

Boma es el lugar más lejano al que han llegado los desplazados, en grandes grupos, y además siguen llegando cotidianamente. Reina gran inquietud por los que quedaron atrapados en lugares cercanos al conflicto. A un día de camino, se encuentra la aislada localidad de Labraap, en la que se dice que hay 10.000 personas, sin refugio ni ayuda humanitaria.

Hasta la fecha, más de 120.000 personas se han visto afectadas por la violencia extrema en Jonglei, entre las comunidades de Murle y Lou Nuer. Algunas aldeas han sido arrasadas por el fuego y numerosas mujeres y niños fueron agredidos.

Los asaltos al ganado, por parte de ambos grupos, se remontan a varias generaciones, sin embargo, la guerra civil entre el sur y el norte de Sudán, que duró 20 años, dejó la región inundada de armas y una gran competencia por los recursos.

Ahora, cada vez es mayor la preocupación en la Iglesia y los responsables de la ayuda humanitaria porque la violencia adopta cada vez un mayor carácter étnico. Se señala el aumento de la retórica de odio racial y aseguran que si el ganado es el objetivo de los enfrentamientos, no se registrarían también ataques contra la población.

En una declaración del pasado 18 de enero, en Jonglei, el Consejo de Iglesias de Sudán (SCC) dijo: “Las brutales acciones se llevaron a cabo contra la población civil. El odio racial se manifestó verbalmente, con las pintadas que dejaron los milicianos y a través de internet. Podría ser una acción precursora de otras atrocidades a gran escala”.

Renee Lambert, Subdirectora de Programas para Sudán del Sur en CRS, que participó en el viaje de evaluación a Boma, dijo: “La situación en Jonglei está degenerando en una violencia inquietante. La índole del problema ha cambiado. Ahora representa una ruptura en eI mismo tejido social tradicional. El movimiento está liderado por jóvenes que han perdido el respeto a sus mayores”.

Las iniciativas de pacificación de la Iglesia están estudiando ahora la manera de conectar de nuevos con los jóvenes, a través de las redes de la comunidad. Así mismo, están esperando que el Gobierno y la ONU restauren la seguridad.

Para más información, pueden ponerse en contacto con Patrick Nicholson a nicholson@caritas.va o 0039 334 3590 700.