
Michel Roy a bordo del tren especial para conmemorar el aniversario de Caritas.
Credits: Elodie Perriot/Caritas
Por Michel Roy,
SecretarioGeneral de
CaritasInternationalis
En 2011, vimos la esperanza. La vimos en la cola de sudaneses que, en Juba a las cinco de la mañana, daba vuelta a la manzana,
esperando a que abrieran los centros
electorales a las ocho, para votar por la
independencia de Sudán del Sur. La vimos
cuando los jóvenes funcionarios contaban las
papeletas, hasta altas horas de la noche, sin
más luz que la de una linterna. Vimos la
esperanza cuando, después de décadas de
conflicto, se creó una nueva nación mediante
la democracia.
Seis meses después de la histórica votación,
tuve la fortuna de estar en Juba, para el
nacimiento de Sudán del Sur, el 9 de julio.
Mucha gente viajó durante días, desde todos
los rincones del país, para llegar a la capital a
tiempo para las celebraciones. No hubo
necesidad de un servicio de seguridad, porque
todo el mundo estaba muy contento.
Celebramos y rezamos juntos, por la unidad y
el futuro. Y estamos ansiosos por trabajar con la
nueva Caritas Sudán del Sur, en su intento de
ayudar al país, en su sendero hacia la paz.
Mantuvimos viva nuestra esperanza frente a
los desafíos de 2011. El hambre azotó a África
oriental, poniendo a millones en dificultades. Es
un escándalo que en pleno siglo XXI hayamos
visto el hambre, esta vez en Somalia. Tenemos
los medios para evitar el hambre a esta escala.
En el futuro, el mundo debe actuar más
rápidamente.
Caritas tomó medidas a corto y largo plazo,
para ayudar a familias en apuros en África
oriental. Nos comprometimos a ampliar los
programas de desarrollo y asistencia inmediata,
que hemos estado llevando a cabo desde hace
mucho tiempo. Esto es adicional a los
numerosos programas que tenemos allí y que
benefician a millones de personas. Todo esto se
lleva a cabo con y mediante la Iglesia local,
Caritas y otros grupos.
El año 2011 también fue un año de
esperanza para los migrantes que trabajan en
nuestras comunidades, como sirvientas,
cuidadores y jornaleros. A pesar de que las
trabajadoras y trabajadores domésticos
participan en la vida familiar de los hogares y
se les confía el cuidado de niños o ancianos, a
menudo se les maltrata. Ahora tienen la
esperanza de un futuro mejor, luego de la
promulgación de un nuevo convenio que les
reconoce más derechos.
Gobiernos, empleadores y sindicatos,
reunidos en la conferencia de la Organización
Internacional del Trabajo, en Ginebra, votaron
para aprobar el Convenio sobre Trabajadoras y
Trabajadores Domésticos. De conformidad con
el nuevo instrumento de legislación
internacional, las trabajadoras y trabajadores
domésticos tendrán derechos, como la
protección social, días de descanso y
vacaciones anuales, derecho a la negociación
colectiva y protección contra los malos tratos.
Es un hito, porque rompe la barrera de
prejuicios a la que se enfrentan cada día,
especialmente si son inmigrantes. Ahora
tenemos que darle seguimiento, exhortando a
los gobiernos a que ratifiquen el convenio.
Encontramos esperanza en la Asamblea
General de Caritas Internationalis, realizada en
mayo y en las celebraciones de nuestro 60ª
aniversario. La Asamblea General contó con la
participación de 300 delegados de todo el
mundo, que llegaron a Roma para compartir
experiencias, discutir y planificar mejores
formas de superar la pobreza, y para renovar su
solidaridad con los pobres, trabajando unidos
como Confederación en la ayuda humanitaria,
el desarrollo humano integral y mejores
políticas internacionales.
La Asamblea General fue el último paso,
para darle el visto bueno a nuestros nuevos
Estatutos y Reglamento Interno, previo a su
presentación para la aprobación del Papa
Benedicto. La Santa Sede nos los envió de
vuelta, en mayo de 2012, junto con un Decreto
General. Nuestros nuevos Estatutos y
Reglamento Interno modernizarán nuestro
trabajo, en el suministro de la asistencia
humanitaria, el cabildeo y la promoción del
desarrollo humano integral. Asimismo, nos
proporcionan un marco para realizar nuestra
labor como parte de la misión de la Iglesia,
según iniciamos nuestros próximos 60 años.