de S. Em. ª Óscar Andrés Cardenal Rodríguez Maradiaga, Presidente de Caritas Internationalis
Jesucristo vino a nosotros para traernos un mensaje de Navidad, exhortándonos a la unidad. En este Adviento, nuestro mensaje es que: juntos podemos poner fin la pobreza y conseguir la paz.
El terremoto de Haití fue un símbolo de la injusticia. Viviendas míseras, años de abandono y falta de servicios de urgencias provocaron mayores sufrimientos de los que habría habido en otras condiciones. Ahora la reconstrucción será todavía más difícil.
Muchos damnificados de Haití tienen ahora buenas viviendas, reciben comida, servicios de salud y tienen una posibilidad de futuro, gracias a la solidaridad manifestada en las semanas después del seísmo, a través de organizaciones como Caritas y sus seguidores. Es necesario hacer más en Haití, aunque sea difícil. Estaremos allí mucho tiempo, hasta que terminemos el trabajo.
Vemos cómo los conflictos siguen causando sufrimientos en 2010.
El pasado mes de octubre, más de cuarenta cristianos fueron asesinados por unos terroristas en la Catedral de San José de Bagdad, mientras asistían a Misa. Los cristianos en Irak están haciendo frente a una campaña de aniquilación y nosotros exigimos mayor protección y no lo hacemos sólo porque son cristianos, sino porque es un derecho humano fundamental. Cristianos o musulmanes: todos son rehenes de la violencia.
El Adviento es también la historia de Maria, Madre de Jesús. No hemos de olvidar que medio millón de mujeres mueren cada año en todo el mundo, durante el embarazo y el parto, una al minuto. En el sur de Sudán, es más posible que las niñas mueran de parto que consigan terminar sus estudios.
El sur de Sudán es una de las regiones más pobres del mundo y podría incluso empeorar su situación. La guerra se presenta como posible resultado del referéndum por la independencia, en enero de 2011. Rogamos para que el resultado sea una vida mejor y más segura, para toda la población de Sudán, del norte y del sur.
Durante 60 años, Caritas Internationalis ha demostrado su opción preferencial por los pobres, respondiendo con amor y obras al sufrimiento humano, en un mundo injusto y desigual. Durante todos estos años, hemos visto grandes progresos en la lucha por erradicar la pobreza, así como en nuestra capacidad de responder a las emergencias. A pesar de todos los progresos alcanzados, todavía hay más de mil millones de personas en el mundo que viven por debajo del umbral de la pobreza.
Nuestra visión para seguir adelante se puede resumir en cuatro palabras: una humanidad, cero pobreza. Ya sea en Haití, Sudán o Irak, los pobres no merecen sólo nuestra caridad, sino los mismos derechos a la alimentación, la educación, la seguridad, la salud y los medios para ganarse la vida, como todo el mundo.
Que el Niño Jesús les traiga a todos ustedes mucha alegría en Navidad y nos acompañe a lo largo del Año Nuevo.