Como cristianos, aprovechamos el Adviento para renovar nuestra relación con Dios, mientras reflexionamos sobre la mayor expresión de Su amor: Él nos envió a su Hijo entre nosotros.

Nuestros pensamientos y oraciones se dirigen también a nuestros hermanos y hermanas que no tienen lo suficiente para comer, un techo sobre sus cabezas o están atrapados en el círculo vicioso de la pobreza.

Este año, el Adviento es particularmente importante, porque estamos en el Año de la Fe, que inició el pasado mes de octubre. Durante este periodo, estamos especialmente llamados a ser testigos de la Palabra de Dios: viviendo nuestra fe con nuestras acciones, con el fin de que todos sepan en lo que creemos.

Joska Achayo was eight when she had to flee her home in Sudan and was separated from her mother.

Credit: Caritas

El Papa Benedicto XVI anunció dicho año exhortando a los católicos a apreciar el don de la fe, arraigando la propia relación con Dios y fortaleciendo su compromiso de compartir su fe con los demás.

“La renovación de la Iglesia se alcanza a través del testimonio que ofrecen las vidas de los creyentes: por su misma existencia en el mundo. Los cristianos son llamados a propagar en el mundo la palabra, la verdad que nuestro Señor Jesús nos ha dejado”, dice el Santo Padre.

Somos llamados a ser evangelistas: a proclamar el Evangelio, tanto con nuestras palabras, como con nuestras acciones, predicando y enseñando, así como viviendo como testigos de la labor de curar al mundo. Ya sea dando de comer al hambriento, construyendo viviendas para quienes se vieron obligados a abandonar las suyas, dando a la gente lo que necesita para transformar su vida o desafiando las injusticias que mantienen pobres a la gente. Nuestras acciones y voces son elocuentes señales del amor de Dios por la humanidad.

La evangelización es el corazón de Caritas: esperamos cambiar a las personas y transformar el mundo, llegando a la mente y al corazón de la gente, con la buena nueva de Jesucristo, que vino al mundo no para ser servido, sino para servir. Cuando alguien hace un donativo a Caritas, con su tiempo o con recursos, puede ser un donante que envía un cheque, un voluntario que dedica su tiempo libre a servir en los comedores de Caritas, hasta un miembro de una comunidad que ayuda a construir un pozo, todos ellos están cambiando la propia vida y las de aquellos que les rodean.

El Adviento es tiempo de esperanza, ¡aunque resulta fácil perder la esperanza, cuando vemos tantos sufrimientos en el mundo de hoy! Con la violencia en América Latina, Oriente Medio y África, los efectos del cambio climático en el Pacífico y Asia, o la pobreza creciente en Europa y América del Norte, a veces nos parece que la desesperación sea contagiosa.

Sin embargo, la esperanza está por todas parte. Sólo tenemos que reconocerla.

Joska Achayo solo tenía ocho años cuando tuvo que abandonar su casa en Sudán y separase de su madre. Ella pasó muchos años en Uganda. Ahora que tiene 25 años, Joska ha vuelto a su tierra natal, en Sudán del Sur, donde Caritas está distribuyendo a los aldeanos simientes y aperos agrícolas, de manera que puedan cultivar lo suficiente para dar de comer a sus familias.

Poco después de su retorno, Joska encontró a una mujer por un camino: “Le pedí ayuda para encontrar a mi madre. Yo no la reconocí enseguida, pero luego me di cuenta de que ella era mi madre y las dos nos abrazamos y nos pusimos a llorar de alegría”, nos cuenta la joven.

Y por todo eso, mientras esperamos con gozo la llegada de Jesús, rezamos para poder ser testigos de la luz de la verdad y la justicia en el mundo de hoy, para que podamos habilitar a la gente a prosperar.

¡Les deseo a todos una Santa Navidad!

Su Eminencia Óscar Andrés Cardenal Rodríguez Maradiaga, S.D.B.