El hambre y el VIH

When nurses from the hospital found Paul Kwaluma, he weighed just 34kg. "I thought I was going to die," he said. Credits: Caritas/Nicholson

When nurses from the hospital found Paul Kwaluma, he weighed just 34kg. «I thought I was going to die,» he said.
Credits: Caritas/Nicholson

«Las personas saben que el VIH los matará, al cabo de unos meses, pero que el hambre puede acabar con sus vidas este fin de semana», dice el doctor John Mundi Amolo, mientras visita a los pacientes con VIH y SIDA, ingresados en el Hospital Mutomo de Kenia. «Si alguien no tiene más que 50 bobs [35 peniques], comprará alimentos, en lugar de medicamentos para el VIH. No tiene otra opción.»

El Hospital de Mutomo se encuentra en el distrito de Kitui, duramente afectado por años de sequía. Los ríos están secos; los cultivos, destruidos, y las personas, extenuadas por el hambre. Entre los grupos más afectados figuran las personas que viven con el VIH y el SIDA. Aunque existen medicamentos que salvan vidas y que son baratos, el pequeño costo médico y en alimentos necesarios para tomarlos representa, a menudo, gastos demasiado elevados.

«Los medicamentos contra el SIDA no son eficaces sin una buena nutrición. Las personas pasan días enteros sin comer nada. Cuando toma los medicamentos con el estómago vacío, se siente mal y dejan de usarlos. Si uno no mantiene el mismo nivel de medicamentos en la sangre, el VIH ataca rápidamente al sistema inmunitario. Vemos continuamente llegar al hospital a personas muy enfermas», afirma el doctor.

Cuando las enfermeras del hospital encontraron a Paul Kwaluma, sólo no pesaba 34 kilos. «Creía que iba a morir,» nos dice Paul. «No podía levantarme de la cama. Estaba muy débil» Paul comenzó a tomar los medicamentos antrirretrovíricos el año pasado, pero dejó de hacerlo después de que su parcela de hortalizas se echara a perder y se quedara sin alimentos. «Deje de tomar los medicamentos porque cuando no tienes nada en el estómago te caen muy mal. Pero no bien deje de tomarlos, comencé a sentirme mal. En un par de semanas había perdido la mitad de mi peso corporal».

Kwaluma recobró casi por completo su salud, después ingresar en el hospital Mutomo, donde le dieron de comer y pudo reanudar su terapia contra el SIDA. El hospital forma parte del programa sobre el VIH y el SIDA de la diócesis católica de Kitui. Se trata de un programa en marcha desde hace ya algún tiempo, establecido por cuatro hospitales, que prestan asistencia a 5.000 personas, mediante servicios de atención domiciliaria, detección, educación, orientación y apoyo psicológico, proyectos generadores de ingresos y actividades de apoyo a los huérfanos y otros niños vulnerables.

Las actividades de orientación destacan la importancia de la alimentación adecuada e insisten en la necesidad de tomar siempre los medicamentos. Cuando no se toman todas las dosis, la resistencia del virus al medicamento aumenta. Si se toma en su debido momento, menos del 95 por ciento de los medicamentos, la resistencia aumenta rápidamente, el medicamento se vuelve menos eficaz y el estado del paciente empeora considerablemente. Si bien es posible utilizar una segunda generación de medicamentos contra el VIH, su precio es realmente prohibitivo.

El de Paul Kwaluma es un caso muy frecuente para el Padre Paul Healy, administrador de la diócesis de Kitui. «Hay personas en Kitui que no tienen para comer. Cuando el hambre llega, no tienes muchas opciones. Si no dispones de dinero para comprar alimentos, no puedes comer. Y si no comes no puedes tomar los medicamentos. Con el VIH y la sequía, uno está constantemente enfermo, a causa de infecciones. Las personas se enferman y debilitan más su organismo», nos dice.

Paul Kwaluma es optimista con respecto a la posibilidad de que, tras las breves lluvias de mayo, dispondrá de alimentos suficientes para satisfacer sus necesidades inmediatas. Pero con los lechos de los ríos que ya comienzan a secarse, lo único que nos puede decir acerca de lo que hará, si no llegaran las lluvias principales este invierno, es encogerse de hombros. «El mundo no puede hacer como si no se diera cuenta de la gravedad del problema», afirma el Padre Healy. «Si no encontramos soluciones a largo plazo, las personas se volverán cada vez más pobres y los contagiados con el VIH y el SIDA no tendrán alternativas».

Este resumen se basa en el artículo “Aids: when the drugs don’t work first” publicado en The Tablet el 10 de junio de 2006

 

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