El ébola empeora la carestía en África occidental

 A veces los mercados cierran y los desplazamientos están restringidos.

Mientras el ébola se sigue propagando por África occidental, incluso la población no contagiada sufre los efectos económicos colaterales de la enfermedad. A veces los mercados cierran y los desplazamientos están restringidos. Foto: Caritas

Cuando Augustine Tamba estaba considerando la posibilidad de conducir hasta Kenema, una de las zonas más azotadas por el ébola en Sierra Leona, “los miembros de mi familia me dijeron que no fuera, porque tenían miedo”, nos dice el cooperante de Caritas de Freetown. Sin embargo, Augustine decidió hacer el viaje.

Él no iba a llevar un suero experimental o un equipo de alta tecnología para combatir el ébola. Iba solo a llevar ayuda alimentaria.

Mientras el ébola se sigue propagando por África occidental, incluso la población no contagiada sufre los efectos económicos colaterales de la enfermedad. A veces los mercados cierran y los desplazamientos están restringidos. Enteras familias que están en cuarentena, no pueden salir a trabajar al campo. Los camiones, incluso los de alimentos, podrían no estar autorizados para entrar en ciertas áreas.

“El confinamiento significa que la gente no puede salir a hacer nada”, dice Ishmeal Charles, también de la Caritas de Freetown. “Si una mujer vende patatas, tiene que ir a su huerto por la mañana, luego ir al mercado y venderlas. Solo entonces ella tiene dinero para comprar algo para comer ese día”.

“Ahora todo está estancado. La gente es cada vez más pobre”, dice Charles.

La crisis ha provocado el aumento del desempleo, tanto en las zonas urbanas como rurales. En Freetown, “están despidiendo a la gente, personal de servicio en hoteles y casas de huéspedes”, dice Tamba. “Muchas oficinas están cerrando también”.

Aisladas del mundo, las familias del epicentro de Kenema están sufriendo más que por temor del ébola: “La localidad está cerrada a personas como yo, con alimentos. Hay cuarentena en muchas casas y, por eso, nadie entra ni sale. Aunque yo tengo un pase”, dice Tamba.

“Muchas personas se dirigen a las casas episcopales buscando ayuda. Si el padre y la madre han muerto, no queda nadie en la familia para ganarse el pan”, dice Patrick Jamiru, de Caritas Kenema.

Incluso cuando el cabeza de familia está sano, las restricciones de movimiento tiene un efecto dominó que perjudica a los niños: “En casa, con frecuencia, es el padre o la madre quien se ocupa de los problema de la familia”, dice Alexandre Kolie, de Caritas Guinea. “Si esa persona tiene problemas, toda la familia tendrá dificultades con la alimentación, la salud, la ropa, la educación y demás”. Los precios de los comestibles de han disparado, por eso, incluso personas que no están en cuarentena o zonas confinadas podrían tener problemas para poder permitirse comprar comida.

Para aquellos confinados por 21días, por sospecha de contagio de un paciente de ébola, la situación alimentaria es todavía peor. “Hay casas en Kenema e incluso en Freetown que están en cuarentena. No reciben alimentos durante días”, dice Tamba. “Hay guardias de seguridad en los alrededores de las casas. Si alguien escapa y luego lo atrapan, ¡en un gran problema!”.

Tener las fronteras cerradas no solo repercute en los mercados locales y las entregas, sino también en los envíos de alimentos por vía marítima y por tierra, desde otros países. “Aquí en Liberia, el alimentos de primera necesidad es el arroz”, dice Napoleon Cooper, Director de Caritas Liberia. “Entre la población, en general, muchos temen que haya carestía”.

Los afortunados que sobreviven al virus, deben renovar sus hogares: “Algunos pacientes de ébola sobreviven y les dan el alta. Sin embargo, las cosas que solían utilizar en sus casas –cama y otras pertenencias- no pueden ser reutilizadas. Los equipos médicos lo queman todo”, dice Jamiru.

A través de sus iglesias y redes, Caritas lleva meses realizando campañas de prevención del ébola en África occidental. Las diócesis también están distribuyendo alimentos a las familias, en la medida de sus posibilidades. En Guinea, Caritas planea distribuir alimentos a la población durante las semanas de cuarentena.

Ahora, Caritas está trabajando en planear la manera de ayudar a familias que ya vivían en situación precaria, y cuyos medios de sustento han recibido un duro golpe. “Estos son algunos de los países más pobres del mundo”, dice Moira Monacelli, de Caritas Italiana. “Para la economía, la crisis del ébola es un problema muy serio. Es necesario que pensemos también en la ayuda a medio y largo plazo”.

Mientras, Caritas está trabajando para responder a las necesidades más inmediatas, sin poner en peligro la vida del personal. Cuando Augustine dejó los alimentos en Kenema, no se quedó allí a dormir: “Antes de ir, me dije, yo quiero ir y ayudar”, recuerda, haciéndose eco de lo que dicen muchos otros cooperantes sobre las comunidades a las que sirven: “Es un trabajo arriesgado, pero hay gente que está muriendo y sufriendo. Lo primero que pensamos es en cuidar de los demás, es un sentimiento humanitario. Nuestro segundo pensamiento es tener mucho cuidado”.

Cuando llegué a Kenema, “la gente estaba tan feliz que empezaron a bailar y cantar”, nos cuenta. “Sin embargo, no dejé que nadie me tocara. Les dije, que lo sentía. Pero les llevé la comida”.

Recursos de la reunión están disponibles aquí.

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