El tifón en Filipinas, un año después: una casa nueva para Amalia

“Yo creía que el tifón Yolanda sería como los otros tifones”, dice la anciana Amalia, de 83 años. “Pero era más bien como cuatro tifones juntos”.

Amalia, que vive en el extremo norte de la isla de Iloilo, en Filipinas, se estremece mientras recuerda el rugido el viento: era ensordecedor, dice ella, como el ruido que hace el motor de un autobús, pero amplificado muchas veces.

Mientras el techo de su vivienda parecía que iba a salir volando, el hijo de Amalia le dijo que fuera a refugiarse a la casa de los patos, porque él creía que sería más resistente que su casa de bambú: “Pero yo no quise salir, por suerte, porque fue lo primero que quedó destruido”, recuerda Amalia.

Mientras el viento soplaba cada vez más fuerte, era evidente que su casa no resistiría mucho tiempo. Amalia y su hijo tomaron todo lo que pudieron – en su caso, una bolsa de Minnie llena de las primeras prendas de ropa que pudo encontrar – y se enfrentaron al temporal para llegar hasta la casa del vecino, construida de hormigón. E incluso allí, mientras temblaban las paredes, ella pensó que estaba por morir: “Yo rezaba y rezaba”, nos cuenta. “No podía hacer nada, por eso rezaba y pedía perdón. Pensaba que sería mi último respiro, sin embargo, la oración me ayudó a vencer el miedo”.

Amelia con su bolsa de Minnie. Foto por Lukasz Cholewiak/Caritas

Amelia con su bolsa de Minnie. Foto por Lukasz Cholewiak/Caritas

Después de unas seis horas, cuando los vientos empezaron a disminuir, ella y su hijo retornaron a lo que quedaba de su casa: “Estaba completamente destruida”, dice ella. “Todo estaba empapado y no sabíamos dónde habían ido volando nuestras pertenencias. Ni siquiera podíamos encontrar nuestras ollas y cacerolas. Fue muy triste. No podía dejar de llorar”.

Ella y su hijo se pusieron a construir un refugio provisional, con lo poco que quedaba de su vivienda. Era pequeño, de casi un metro de alto. Tenían que entra a gatas y cuando llovía, el agua entraba por el techo y los dos tenían que dormir con paraguas.

“Yo solía maldecir aquel sitio”, dice Amalia. “Estaba furiosa y me seguía preguntando: ‘¿Por qué Dios destruyó mi casa?‘”

Hoy, gracias a la generosidad de los católicos de todo el mundo, Amalia vive en una casa nueva, con cimientos de hormigón, tejado de hierro galvanizado y paredes blancas de cemento. Se la ha construido NASSA (Caritas Filipinas), con la ayuda de carpinteros locales y arquitectos expertos que añadieron detalles particulares, para asegurarse de que resistiría ante futuros tifones.

“Estoy muy orgullosa de mi nuevo hogar”, dice Amalia. “Es muy hermoso y resistente. Es tan sólido que ya no volveré a estar nerviosa cuando llegue un tifón”.

Amelia en su nueva casa construida por NASSA (Caritas Filipinas). Foto por Lukasz Cholewiak/Caritas

Amelia en su nueva casa construida por NASSA (Caritas Filipinas). Foto por Lukasz Cholewiak/Caritas

Caminando por la aldea de Amalia, me gustaría poder enseñar a la gente que hizo un donativo a la llamada de emergencia de Caritas, de después del tifón, el resultado de su generosidad: una casa detrás de otra, relucientes a la luz del sol, y a veces junto a los frágiles refugios a los que han sustituido.

“Estoy muy agradecida a la Iglesia, que ha podido ayudar a gente como yo”, dice Amalia. “Al principio yo maldecía al tifón, porque destruyó mi casa. Ahora doy gracias al tifón por darme una casa nueva. ¡Era una bendición disfrazada!”

Donar


Por favor, haga una generosa donación a Caritas. Su ayuda hace posible nuestro

Oración


Caritas ha recopilado un conjunto de oraciones para su uso.

Ser Voluntario

La contribución de los voluntarios es fundamental. Descubra cómo puede ser uno de ellos.