«Hoja de ruta» de Caritas por un compromiso continuo con la respuesta mundial al VIH / SIDA

Un médico en Camboya extrae sangre para la prueba de VIH. Foto de David Snyder para CRS

Un médico en Camboya extrae sangre para la prueba de VIH. Foto de David Snyder para CRS

Por Michel Roy, el Secretario General de Caritas Internationalis y el Rvdo. Mons. Robert J. Vitillo, Jefe de su Delegación ante la ONU en Ginebra y Asesor Especial sobre el VIH/SIDA.

«Cada persona es digna de nuestra entrega«, con estas palabras, el Papa Francisco pidió a todos los católicos y otras personas de fe y buena voluntad, a abrir sus corazones a los necesitados y a tratarlos como a hermanos y hermanas. Luego aseguró a quienes estén dispuestos a sacrificar su propia comodidad, el tiempo, la riqueza, el conocimiento y sus habilidades por el bien de los demás: «¡Y alcanzamos plenitud cuando rompemos las paredes y el corazón se nos llena de rostros y de nombres!

La historia de la respuesta de Caritas a la epidemia de VIH, en diferentes partes del mundo, llega más allá de estrategias abstractas y políticas, aunque puedan ser importantes. La nuestra es una respuesta que se mide, no sólo en el cumplimiento de resultados esperados, sino también en el mayor disfrute de la dignidad humana, entre las personas que viven con o están afectadas por el VIH. La nuestra es una respuesta que llega con la compasión y el apoyo tangible a innumerables viudas, huérfanos, y otros supervivientes a seres queridos, como una manera de honrar la memoria de unos 39 millones de personas que han muerto por causas relacionadas con el SIDA, durante las últimas tres décadas. La nuestra es una respuesta que camina con, no simplemente «hace por», las personas positivas al VIH, ya que ellas se empoderan a sí mismas, para vivir plenamente, a pesar de los desafíos a los que se enfrentan, como consecuencia del virus.

Los expertos internacionales nos dicen en este Día Mundial del SIDA 2014 hay que «cerrar la brecha» entre «ricos» y «pobres», en la respuesta mundial al SIDA. Podemos lograr este noble objetivo, abriendo nuestros corazones a la solidaridad y la búsqueda del bien común. Podemos «cerrar la brecha» desafiando y cambiando estructuras que impiden, a unos 25 millones de adultos y niños, el acceso a los medicamentos antirretrovirales que salvan vidas.

Podemos «cerrar la brecha» mirando más allá de esas soluciones de «arreglo rápido», para la prevención del VIH, que se han propuesto en los últimos 30 años y, en palabras del Papa Francisco, por «salir al encuentro de» los que corren el riesgo de la infección del VIH «con amor creativo», ya que «les ayudamos a redescubrir su dignidad y a revivir esa fortaleza interior, esos talentos personales» de «los hombres y mujeres creados a imagen y semejanza de Dios”. Nosotros podemos «cerrar la brecha» acogiendo plenamente a refugiados con el VIH y desplazados que, con demasiada frecuencia, ven denegado su acceso a la atención sanitaria, en países en los que han buscado la libertad y un futuro mejor para ellos y sus familias. Podemos «cerrar la brecha» cuando rechazamos «la cultura de la comodidad, que nos hace pensar sólo en nosotros mismos, nos hace insensibles a los gritos de otras personas…”.

Por encima de todo, vamos a dar una atención prioritaria a los niños infectados por el VIH, que no se ven beneficiados por el mismo ritmo de progresos, como el que gozan los adultos, en la fabricación de medicamentos disponibles. Debemos continuar «cerrando la brecha» en la respuesta del SIDA pediátrico, mediante la promoción, con los gobiernos y las compañías farmacéuticas, para que se desarrollen más medicamentos pediátricos, con los que podamos ofrecer a estos niños la posibilidad de vivir más allá de su primer o segundo cumpleaños, y para que también nosotros podamos beneficiarnos de esa sociedad del mañana, que ellos pueden ayudarnos a construir.

Por último, podemos «cerrar la brecha» superando nuestra tendencia innata a culpar a los demás por sus condiciones de pobreza, marginación, o incluso por la infección del VIH. El acceso universal a todas las personas que viven con el VIH, no sólo a los medicamentos, sino a la vida plena y la dignidad, sólo se llevará a cabo con el rechazo de toda forma de discriminación y estigma hacia las personas que viven con o están afectadas por el VIH. Vamos a basar nuestra «hoja de ruta» por el continuo compromiso de Caritas con la respuesta mundial al VIH en esta exhortación del Papa Francisco: «… debemos abrirnos a las periferias, reconociendo que también quien está al margen, incluso ese que es rechazado y despreciado por la sociedad es objeto de la generosidad de Dios. Todos estamos llamados a no reducir el Reino de Dios a las fronteras de la «iglesita» —nuestra «pequeña iglesia»— sino a dilatar la Iglesia a las dimensiones del Reino de Dios. Solamente hay una condición: vestir el traje de bodas, es decir, testimoniar la caridad hacia Dios y el prójimo”.

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