Más allá de las olas del tsunami

Los pescadores regresaron a sus aldeas la mañana del 26 de diciembre de 2004 para descubrir que sus hogares habría sido barridos por las aguas, igual que sus seres queridos. Un tsunami apocalíptico había devastado las comunidades costeras de Indonesia, Tailandia, Maldivas, India y Sri Lanka.

Una 300.000 personas resultaron muertas en pocas horas. Sus muertes parecían al azar. Una familia que salió recorriendo hacia la izquierda, en vez de la derecha, se salvó. Un pueblo fue completamente destruido, mientras otro, costa arriba, no sufrió daños.

Era el día después de Navidad, el día en que los cristianos celebran que Dios nos ha concedido su don más preciado: su Hijo. Muchos se preguntaron ¿dónde estaba el rostro de Dios en ese cataclismo?

Encontramos la respuesta en el mensaje de esperanza, renacimiento y resurrección, que es el Evangelio. Vimos el amor de Dios a toda la humanidad, en la respuesta humana al tsunami asiático.

El 26 de diciembre de 2004, Aceh (Indonesia) fue devastada por un tsunami. Las familias fueron trasladadas a un área llamada Leuhan, en las afueras de Meulaboh. Catholic Relief Services y Caritas Suiza construyeron allí para ellas viviendas, con agua, saneamientos y electricidad, y carreteras.

El 26 de diciembre de 2004, Aceh (Indonesia) fue devastada por un tsunami. Las familias fueron trasladadas a un área llamada Leuhan, en las afueras de Meulaboh. Catholic Relief Services y Caritas Suiza construyeron allí para ellas viviendas, con agua, saneamientos y electricidad, y carreteras. Foto de Patrick Nicholson / Caritas

Encontramos valor en las acciones de los propios supervivientes. Fueron sus esfuerzos, en las primeras horas y días, los que salvaron muchas vidas, que unieron a las comunidades, que confortaron a quienes les rodeaban.

Encontramos la solidaridad de las personas que ayudaron a los miembros de Caritas, en los países ricos y pobres, a brindar apoyo a las personas que ahora necesitan reconstruir sus vidas. Caritas respondió al tsunami con un programa de US $ 485.000.000. Ese dinero se utilizó para proporcionar alivio inmediato, y luego en la construcción de viviendas, la restauración de los medios de sustento y la reanudación de vidas de manera sostenible.

Encontramos amor en el personal que trabajó incansablemente para conseguir que llegara la ayuda. Tenemos una gran deuda con el dinamismo del personal nacional e internacional. Fue un verdadero reto cumplir nuestras promesas de reconstrucción, tras el tsunami. Pero se hizo posible, gracias a la compasión de nuestros compañeros de Caritas.

Encontramos las fuerzas en los párrocos, catequistas y voluntarios de las parroquias, que se movilizaron en las comunidades, repartiendo ayuda, cocinando alimentos, construyendo refugios, dirigiendo los centros comunitarios y proporcionamos asesoramiento. Caritas es parte de las comunidades que servimos. El voluntariado está en el corazón de Cáritas.

Encontramos esperanza, siendo consciente de que podemos preparar mejor a las poblaciones, ante catástrofes futuras. Las nuevas viviendas e infraestructuras construidas, después del tsunami, y la capacitación de la comunidades reducirán las pérdidas de vidas humanas, si un desastre ocurre de nuevo.

De las ruinas, creemos que las comunidades pueden construirse un futuro mejor. Las condiciones meteorológicas extremas, vinculadas al cambio climático, están aumentando y, lamentablemente, es probable que causen más emergencias. Sabemos que la preparación a los desastres salvará miles de vidas en el futuro.

Llevar a cabo esa preparación ha sido un gran reto para Caritas. Y esto significará la canalización de más recursos financieros y humanos, en la preparación a las emergencias. No podemos hacerlo por nuestra cuenta, sino sólo a través del trabajo con otras redes de ayuda humanitaria, grupos religiosos y gobiernos.

Un ciclón, un terremoto o un volcán en erupción son riesgos, que sólo se convierten en desastres mortales cuando se producen en zonas vulnerables, donde la gente tiene poca defensa. Sólo una de cada diez personas expuestas a peligros naturales vive en países pobres, pero representan más de la mitad del total de muertos. La pobreza es igual a la vulnerabilidad.

Debemos desafiar a la «globalización de la indiferencia», que está empujando a los pobres a posiciones cada vez más vulnerables. La justicia social es el mejor programa que tenemos como preparación a los desastres.

Debemos desafiar el enfoque negligente de la Creación. Como dijo el Papa Francisco: «Seamos ‘protectores’ de la creación, protectores del plan de Dios inscrito en la naturaleza, protectores unos de otros y del medio ambiente».

Un resultado positivo del tsunami es que se fortalecieron los vínculos entre nuestras organizaciones nacionales de Caritas y las comunidades. Ellas fueron capaces de utilizar esa fuerza como puerta de entrada para otros esfuerzos por el desarrollo humano integral.

Los musulmanes, hindúes, budistas y cristianos: todas las confesiones demostraron que tenemos un papel clave que desempeñar, en la preparación y reacción ante las emergencias. Nosotros siempre lo hemos sabido, claro está, pero fue una noticia para otros. Como personas de fe, ahora debemos trabajar juntos, para sacar adelante, en los debates sobre la agenda post 2015, un planteamiento centrado en los derechos.

El Papa Francisco dice que: «Caritas es la caricia de la Iglesia a su gente, la caricia de la Madre Iglesia a sus hijos, su ternura y cercanía». A través de Cáritas, después del tsunami, se nos dio la oportunidad de caminar, hombro con hombro, junto a quienes sufrieron y en ellos pudimos ver el rostro de Jesucristo resucitado.

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