Navidades austeras para los cristianos iraquíes

“Yo nunca he estado lejos de casa en Navidad”, dice Adith Abdul Ahab Abdo, un anciano de 83 años, oriundo de la localidad iraquí de Qarakosh: “Este año no habrá Navidad para nosotros. No tenemos dinero, ni ropa, ni nada…”.

Su familia escapó en agosto, cuando el autoproclamado “Estado Islámico” (ISIS) invadió su localidad de origen. Los extremistas acosaron a los cristianos y otras minorías. Un millón de personas se vieron obligadas a escapar y ahora viven en tiendas de campaña, viviendas improvisadas o incluso han abandonado Irak.

Adith vive en un refugio prefabricado, de los que Caritas ha ofrecido a unas 50 familias, en un campamento de refugiados instalado en la escuela Akito de Erbil. Así les ofrecen mejor protección contra el mal tiempo, mayor comodidad y seguridad que en las tiendas de campaña, en las que muchas familias estaban alojadas anteriormente.

Neshet Nani Jeji y su esposa, Eman Marzana Majif, escaparon en agosto con su bebé de una semana. Al principio vivieron en una tienda de campaña, que se inundaba cada vez que llovía. El obispo les envió a un refugio de Caritas. Las cosas van mejor ahora, pero aún así las condiciones son difíciles.

“Necesitamos ayuda. No para nosotros, sino para los niños. Ellos no han hecho nada para merecer esto. Necesitamos al menos una estufa, para que no pasen frío”, añade Eman. Sobre el pasar la Navidad lejos de casa, dice Neshet: “En casa podíamos darnos el lujo de comprar algo para los niños, pero aquí no podemos permitirnos nada.”

En Qarakosh, los cristianos pasarían la Nochebuena comprando ropa para regalar y preparando los platos especiales de las fiestas de Navidad y luego irían a la iglesia, por la noche.

“Estamos todos muy tristes, porque este año la Navidad va a parecer más bien un funeral”, dice Sahira. Photo by Sam Tarling/Caritas

“Es tradición cocinar kulicha (pasteles), pero este año no tenemos harina”, dice Sahira Mansour, una abuela de 50 años de edad, que también vive en un refugio temporal, proporcionado por Caritas, en Erbil: “Estamos todos muy tristes, porque este año la Navidad va a parecer más bien un funeral”, dijo.

Caritas ha estado proporcionando alimentos, ropa, calefactores, mantas y adaptando algunas casas para el invierno. Se ofrece asistencia a unos 10.000 cristianos, yazidíes y musulmanes de Irak.

Con solo doce años, Youssef Hina Qraya no quiere regalos en Navidad: “Yo no necesito nada. Sólo quiero irme a casa e volver a la escuela”, dice él.

Yousef y su familia han vivido en un edificio parcialmente construido, en Ainkawa, desde su llegada a Erbil, en agosto de este año. Les han facilitado un lugar para vivir, mantas y ropa de cama.

Su padre, Saddam, se las arregla para encontrar el poco trabajo a jornal, cuando lo hay, aunque se las arregla para mantener a su familia. “Mi casa en Qarakosh era como un palacio. Ahora estoy sentado en una caravana. ¿Qué clase de futuro tengo? “, comenta.

“Cuando me despierto por la mañana hace mucho frío”, dice Yousef. Caritas también les ha facilitado estufas de queroseno, pero faltan fondos para comprar el combustible.

“No podemos comprar nada para los niños. No tenemos árbol de Navidad “, dice su padre. “Necesitamos una solución. O volvemos a casa o salimos de Irak “.

Las comunidades cristianas iraquíes pueden trazar su historia, en Qarakosh, hasta milenios atrás, en los primeros días de la fe. Para muchos, la historia de la tolerancia interreligiosa ha llegado ahora a su fin, con la invasión del “Estado Islámico”, conocido en árabe como Daesh.

La familia de Saddam Hina Qraya comer sopa hecha de huesos hervidos en Ainkawa, Erbil, Iraq, el 3 de diciembre de 2014.

La familia de Saddam Hina Qraya comer sopa hecha de huesos hervidos en Ainkawa, Erbil, Iraq, el 3 de diciembre de 2014. Foto por Sam Tarling / Caritas

Iraqi Christian communities can trace their history in Qarakosh back millennia to the earliest days of the faith. For many that history of interreligious tolerance came to an end with the arrival of ‘Islamic State’, known in Arabic as Daesh.

“Todas las familias aquí tienen miedo por el futuro del cristianismo en Irak. Tememos no poder vivir de nuevo en Qarakosh. Nuestros vecinos, junto a quienes hemos comido muchas veces en el pasado, son ahora del Daesh”, indica Nissan Petros, un farmacéutico miembro del personal de Caritas, desde hace 13 años.

Él y su familia, de seis personas, huyeron de su casa en Qarakosh y ahora viven en un refugio humanitario, organizado en unos terrenos de la Iglesia de San Elías de Ainkawa, en Erbil.

“Mi situación y nuestras condiciones de vida han mejorado ahora, porque nuestra tienda es más grande. Sin embargo, cuanto más tiempo pasamos aquí, más frustrante resulta todo y sólo queremos volver a casa. Rezamos cada día, junto a las otras familias, para que se resuelva esta situación y podamos volver a Qarakosh”.

Nissan dice que es difícil imaginar no estar en casa para Navidad. “A veces lloro, porque ahora podríamos estar compartiendo nuestros platos típicos, con nuestros amigos. Sin embargo, estamos aquí, echando de menos todo aquello. Y los niños tendrán que pasar la Navidad sin Papá Noel”.

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