«Siempre estamos en ayunas» en Siria

Por Exc. Mons. Antoine Audo, Obispo de Alepo y presidente de Caritas Siria

El año pasado – 2014 – fue realmente el más difícil, para todos los que vivimos en Alepo. El nivel de destrucción en la ciudad alcanzó su nivel máximo. Llovían mísiles sobre nuestras cabezas, a menudo no teníamos luz ni agua y por la noche nos helábamos de frío.

Pero tenemos que evitar lamentos. Cuando hice mi homilía, al comenzar la Cuaresma, les dije a todos: «Yo realmente no puedo hablarles a ustedes del ayuno, ya siempre estamos en ayunas. Pero deben recordar, que siempre habrá alguien que esté peor que ustedes».

Tenemos que centrarnos en visitar a los enfermos, ancianos y a quienes están solos. Como Caritas, trabajamos en proyectos, pero le hemos dicho al personal que hay que personalizar lo más posible lo que estamos haciendo y visitar a determinadas personas diariamente. Porque, como nos dice el Papa Francisco, tenemos que salir de nosotros mismos e ir a las periferias existenciales.

En enero, se registraron intensas nevadas en Oriente Medio, con el paso de un violento temporal invernal que barrió toda la región. Algunos refugiados sirios en el Líbano resultaron muertos y otros, que ya tuvieron que escapar de la guerra civil de su país, se acurrucaron entre ellos buscando calor, en los campamentos de refugiados. Caritas implementó programas de invierno, suministrando combustible, ropa de abrigo y de cama, así como materiales para reforzar y acondicionar mejor las tiendas de campaña, ante las previsiones del tiempo.

En enero, se registraron intensas nevadas en Oriente Medio, con el paso de un violento temporal invernal que barrió toda la región. Algunos refugiados sirios en el Líbano resultaron muertos y otros, que ya tuvieron que escapar de la guerra civil de su país, se acurrucaron entre ellos buscando calor, en los campamentos de refugiados. Caritas implementó programas de invierno, suministrando combustible, ropa de abrigo y de cama, así como materiales para reforzar y acondicionar mejor las tiendas de campaña, ante las previsiones del tiempo.

Caritas Siria está aquí para ayudar a todos los sirios, por todas partes, dentro del país. Trabajamos en seis regiones: Damasco, Alepo, Homs, Litoral, Horan y Jasiré. Ayudamos a las personas, a través de programas que distribuyen alimentos, asistencia médica, apoyo en la educación, ayuda para pagar el alquiler, asistencia a los ancianos y asesoramiento.

No hace mucho tiempo, saliendo de mi casa me encontré a un musulmán sentado en el suelo, que había recibido ayuda de Caritas. Él se puso de pie y me dijo: «Sabemos quiénes son los cristianos y que valen su peso en oro».

La gente cree que, debido al ‘Daesh’ y otras cuestiones, se trata de una guerra entre musulmanes y cristianos, pero eso no es cierto. Los cristianos son respetados por los musulmanes.

Todo el mundo sigue diciendo que la situación en Siria es como en Líbano o Irak, que tenemos que esperar algunos años, antes de que termine la guerra. Dicen que no puede haber una solución militar al conflicto y, sin embargo, siguen enviando armas y adiestrando a grupos armados. ¡Pero es necesario buscar una solución política!

Los jóvenes en Siria necesitan ser educados en la paz, para que puedan luego construirla y defenderla, en un contexto árabe y musulmán. Eso significa no provocar, ni humillar a los musulmanes y los árabes, por respeto a los demás.

Esta guerra ha destruido barrios enteros, sin olvidar las empresas que estaban prosperando en Siria y la agricultura. La mitad de los habitantes de Siria son desplazados internos o refugiados. El ochenta por ciento de la mano de obra no funciona. Los ricos se han ido, la clase media se ha convertido en pobre y los pobres se han quedado en la indigencia. Muchas personas se han vuelto pobres y enfermas, a causa de la inseguridad y la destrucción casi total de la economía.

Estamos cansados, ​¡y ya está bien! Reina una gran tristeza en Siria, por todo lo sucedido. Es difícil para mí pensar en una esperanza de futuro, para la próxima generación de sirios.
Sin embargo, esperamos construir algún día un verdadero sentido de la ciudadanía, basada en el respeto de los derechos humanos. Cuando esto suceda, debe haber una sana distinción entre la política y la religión, para que la religión no se utilice con fines políticos.

Siria es un país hermoso, con profundas raíces en la historia y en la humanidad. Es un lugar donde su población, de religiones y culturas diferentes, convive tranquilamente, como modelo de derechos humanos y civilización. Es un país que amo.

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