Caritas ayuda a los refugiados de Burundi que huyen a los países vecinos

Caritas está ayudando a miles de refugiados que huyen de matanzas clandestinas y violencia política en Burundi, una pequeña nación del África oriental. La chispa que desencadenó la violencia fue una candidatura presidencial a la reelección. La crisis se ha extendido a muchas zonas del país, con bandas militares errantes que amenazan a las familias y matan a opositores. Fuentes del ACNUR estiman que más de 70.000 personas de Burundi han huido de sus hogares hacia los países vecinos.

En Tanzania, Catholic Relief Services (uno de los miembros de Caritas de EE.UU.) está apoyando a Caritas Kigoma, para ayudar a miles de refugiados, que llegan en barcos y autobuses, a un estadio que está siendo utilizado como centro de tránsito.


Refugiados que huyen de la violencia en Burundi viven en un campamento de refugiados en Ruanda.

Refugiados que huyen de la violencia en Burundi viven en un campamento de refugiados en Ruanda. Foto por Caritas Ruanda

«El domingo pasado, fui con un pequeño barco a la zona de Kagunga, que es el punto de entrada», cuenta el Mons. Joseph R. Mlola, Obispo de Kigoma. «Numerosos refugiados – en especial mujeres, niños y ancianos – estaban de pie a lo largo de la orilla del lago, a la espera de un barco para ir a Kigoma y luego al campamento».

Caritas registra a los refugiados y les ofrece comida caliente, proporcionada por el Programa Mundial de Alimentos. Caritas también facilita servicios de abastecimiento de agua, higiene y saneamiento, en el centro de tránsito. Caritas Kigoma podría ser designada a gestionar un centro de tránsito, que reemplazará el ahora existente en el estadio.

«La situación está empeorando», dijo el obispo Mlola. «Justo en la entrada de mi residencia, de día y noche, cocinamos lo que podemos para los miles de refugiados alojados en el estadio, cerca del lago de Tanganica, antes de que sean llevados al campamento en Nyarugusu, a pesar de la epidemia de cólera y los miles de refugiados que ya están alojados allí». Nyarugusu es un campamento ya existente, creado para ayudar a los refugiados de otros países y anteriores conflictos.

En Ruanda, donde decenas de miles de burundeses viven en tiendas de campaña, en el campamento de refugiados de Mahama, las parroquias católicas han estando recogiendo artículos varios, como ropa, jabón y mantas, con el fin distribuirlos a los residentes de los campamentos.

«El campamento de Mahama no tiene suficientes raciones de alimentos y su comida no es adecuada para personas vulnerables: los burundeses no están acostumbrados a comer granos de maíz, especialmente los ancianos y menores de 5 años», dijo Aloys Mundere, de Cáritas Ruanda. «Durante la visita de los obispos católicos, muchas voces se alzaron gritando que iban a morir de hambre».

Las mujeres refugiadas de Burundi cocinan en el campamento Mahama en Ruanda.

Las mujeres refugiadas de Burundi cocinan en el campamento Mahama en Ruanda. Foto por Caritas Ruanda

Los refugiados del campamento de Mahama también carecen de agua, leña y atención médica. «El agua se transporta en camiones desde más de 27 km, mientras que la madera está muy racionada, porque la zona de ubicación del campamento es la más seca y menos boscosa», continuó Mundere. «El campamento de Mahama está en una zona semiárida, donde hace mucho calor durante el día y tanto frío de noche».

Caritas Ruanda ha lanzado una llamada pidiendo ayuda por valor de 280.000 euros, para un proyecto de emergencia de 3 meses, con el fin de distribuir alimentos extras a 3.550 refugiados, particularmente a la población vulnerable del campamento – sobre todo niños, mujeres embarazadas y personas con VIH.

En la zona fronteriza entre la República Democrática del Congo-Burundi, Caritas está trabajando para ayudar a los refugiados. CAFOD (miembro de Caritas del Reino Unido), Caritas Alemania y Caritas Bélgica también están apoyando las iniciativas de socorro en ámbito regional.

Dentro de Burundi, Caritas está ayudando a los heridos a pagar la atención médica y está almacenando alimentos y material médico. Jean Chrysostome Ndizeye, director de programas de Caritas Burundi, espera que algunas familias de las zonas más seguras se propongan para acoger a refugiados y desplazados. «La vida en un campamentos de refugiados es una pesadilla, pero lamentablemente no hay mucha gente que puede aceptar la carga de otras personas», dijo. En cuanto a las esperanzas de paz en su país, «la situación es muy cambiante», dijo.

A medida que la situación política se agrava en Burundi, el flujo de refugiados a los países vecinos sigue llegando. «El personal de Caritas Kigoma está en el campamento, día y noche, pero el número es tan grande y no sabemos cómo será la situación en un futuro cercano», dijo el obispo Mlola en Tanzania: «He aprendido que es terrible ser refugiado».

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